Firmemos el Pacto Bicentenario

La violencia, la inseguridad, nos confronta. De una guerra se hacen dos. ¿Celebrar, competir, ser candidatos, caminando sobre una alfombra de muertos?

El domingo, Beatriz Paredes dio en el clavo: “Personalmente he sostenido que no es la retórica, por más elocuente que sea, la fórmula pertinente para tener eficacia en esta materia (la inseguridad)”.

Su sabia declaración, no ha de negarlo, aplica también a ella y a su partido.

Pero tiene razón. Cada vez más el asunto de la violencia nos vuelve contra nosotros mismos y no es ni un fin planeado por el crimen organizado, es el efecto del problema.

Los criminales sólo disparan, quitan espoletas, cortan cabezas, destazan, cuelgan, estallan coches-bomba, entierran cuerpos, reclutan, deshacen en azufre, bloquean, secuestran.

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Calderón ya informó

¿Cuántos capos valen la tranquilidad de los mexicanos?

Cerca de las 19:00 horas del lunes elucubraba sobre el tema semanal de este espacio.

No había vuelta de hoja, concluí, debo escribir sobre el Cuarto Informe de Gobierno de Felipe Calderón. Es el tema predominante en estos días. Claro lo rodean una docena más, sin embargo, éste aglutina al resto y además la rendición de cuentas se impone.

¿Pero por dónde darle?

En esas estaba cuando a mi oficina entró una persona a darme una noticia de última hora: “Detuvieron a ‘La Barbie’”, me dijo.

Claro, pensé, a unas cuantas horas de entregar los pormenores sobre su cuarto año de gobierno, la detención de un capo mueve las piezas.

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La rabia: El que se enoja, pierde

Allá por 1980, Víctor Manuel Sánchez Steimpreis impartía la materia de Ética Periodística en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León

¿Quién era él en ese momento? Uno de los integrantes y fundador del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), una agrupación de extrema derecha encargada de confrontar en todo el país a los entonces grupos estudiantiles de izquierda y atacar a cuanto político no cayera en su gracia.

Era yo, entonces, aprendiz de un oficio apasionante y, claro, tenía intacta mi porción de intolerancia. La sigo teniendo, pero los excesos provocadores siempre merecen una sesuda y prudente respuesta. Lo sé, por eso, a mayor escala, surgen las guerras.

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