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Con reformas sesgadas, transformación de México ni en 120 días ni en 100 años

Un riesgo enorme corren el Presidente Enrique Peña Nieto y el PRI si a partir, mínimo, del tercer año de gobierno, ni siquiera tras los cuatro meses vitales para aprobar leyes modernizadoras, México no es otro en muchos aspectos

Este lunes, Miguel Barbosa y Javier Lozano, senadores del PRD y PAN, respectivamente, cruzaron posiciones, reproches y hasta acusaciones sobre la Reforma Hacendaria.

Un punto especial fue la referencia de ambos a la “letra chiquita” de la iniciativa. Algunos traducen “letra chiquita” como las expugnables leyes secundarias de toda reforma.

“La ‘letra chiquita’ la van a ir aprobando el PRI y el PRD juntos, el PAN no, y esa va a ser la gran diferencia… Los vamos a exhibir públicamente de que ustedes le jugaron en contra a la clase media y a los empresarios que generan empleos”, encaró Lozano.

“Las ‘letras chiquitas’ las han aprobado a lo largo de la historia política el PRI y el PAN no se te olvide. Tú (Lozano) formaste parte de ese esquema”, se defendió Barbosa.

Esas famosas “letras chiquitas” son letra de cambio en cualquier reforma y son, jurídicamente, en donde recaen, desmenuzadas, la mayoría de las reglas de cualquier tema. En ese plano, legisladores realizaron un “adéndum” a la Reforma Educativa (sustentada en la Ley General de Educación, la Ley del Servicio Profesional Docente y la ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación) ante la presión pública y grotesca de profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación durante semanas.

Estamos de acuerdo en el sentido de negociación, viabilidad y razonamiento de todo el contenido de las reformas. En algunos casos, sin embargo, la trasquilada, en pos de conservar la cordialidad entre los partidos, como ocurre ahora con el Pacto por México, reduce considerablemente la idea de transformación o modernización legal en distintas materias.

Y como el interés tiene pies…

Debemos recordar cómo los sindicatos pusieron el grito en el cielo por algunos puntos de la Reforma Laboral, una de las últimas propuestas de Felipe Calderón, inaugurando la facultad del Ejecutivo de presentar en el arranque de periodos ordinarios del Legislativo, iniciativas preferentes.

O cómo el duopolio y algunas otras concesionarias de comunicación electrónica hicieron uso del “cabildeo” de expertos, algunos incluso dentro del mismo Congreso, para ir adecuando en su favor las modificaciones más incómodas de la iniciativa.

O la propia Reforma Energética, vapuleada ya por casi dos meses, cuando ni siquiera se conocen los resultados concretos de los foros del Senado (aunque se escuchan voces de expertos urgiendo a la inversión privada en Pemex) o de la Izquierda, y ni siquiera la intención de la Cámara Alta de meterle mano.

¿Cómo conciliar cuándo, valga la redundancia, los extremos son tan dispares? Uno quiere todo (el PAN) y el otro nada (la Izquierda, incluyendo la postura de Andrés Manuel López Obrador)?

Y si la solución es una reforma intermedia, digamos la propuesta por el Presidente de la República, ¿cómo ganar un aliado político sin desinflar una iniciativa?

Ayer, el Gobierno federal dio la pauta. En una reunión en Palacio Nacional, conjuntamente, Luis Videgaray, Secretario de Hacienda, el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, así como los diputados Manlio Fabio Beltrones y Silvano Aureoles, anunciaron acuerdos en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2014 y la Reforma Hacendaria.

Entre lo pactado está la inclusión del Distrito Federal en el Fondo de Aportaciones para Infraestructura Social (FAIS), correspondiente al Ramo 33 y el retiro de la propuesta del Partido Verde de gravar con el IVA los espectáculos deportivos, incluidos el futbol y las corridas de toros.

A esto debe agregarse ya el retiro del IVA a colegiaturas particulares y, quizá, el aumento del IVA en la frontera.

Entonces debemos dar por un hecho la Reforma Hacendaria, aun con el voto en contra del PAN. Su contenido final, ¿transformará a México en el terreno fiscal?

Cierto, tampoco las propuestas de reformas son manjares para tomarse al pie de la letra, pero igual de cierto son las posturas extremas, de algunos sectores, de inamovilidad cuando de ceder a viejas prácticas se refiere. La defensa siempre ha sido “es que la ley dice”. Claro, para eso se elaboran las reformas, para superar versiones obsoletas o desfasadas de relación social.

Aun cuando se sospeche de la “siembra” de puntos colocados para ser rechazados (facilitando la negociación, digamos, el IVA a colegiaturas en escuelas particulares), no siempre, como lo vemos ahora, los reclamos o los cambios se remiten específicamente sobre los intuido por el gobierno.

En estos días deberá quedar aprobada la Reforma Política-Electoral con una gran variable de puntos casi casi metidos a chaleco por el PAN y el PRD bajo la consigna de no aprobar la Reforma Energética si éstos no son aceptados. Al parecer, el Gobierno federal sólo pondrá empeño en frenar la segunda vuelta electoral, aunque hasta en ello podría ceder.

EL TOMA Y DACA EN LA EDUCATIVA

A casi mes y medio de promulgarse la Reforma Educativa, resulta increíble la postura de algunos maestros, taladrando al país con exigencias utilizadas más para sacar otras prebenda$$$ al Gobierno y no como verdaderas causas de un rechazo analizado sobre la obligada evaluación.

Increíble cómo gobernantes (del Distrito Federal y algunos estados) y algunos políticos se enganchen con el salvajismo de un 8 por ciento del total de los profesores del país.

“Aprovecho para convocar a los gobernadores a encontrar una solución a los problemas de los maestros en sus entidades… sigue llegando mucha gente a la Ciudad de México”, dijo hace dos días Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Sus palabras fueron un boomerang porque algunos mandatarios estatales podrían responderle “(en el estado) yo soy el Jefe de Gobierno”.

O el llamado de Andrés Manuel López Obrador el domingo desde Chiapas, exhortando a respaldar las demandas de los profesores, repito, de sólo el 8 por ciento del magisterio nacional. Claro, los 30 ó 40 mil “clavados” en el DF ya pesan en una manifestación conjunta en el Zócalo.

“Hay una campaña mediática de linchamientos en contra de los maestros, proyectándolos como si fuesen rebeldes sin causa. No se dice en ninguna de esas leyes aprobadas, que se llaman reforma educativa, que haya absolutamente nada para mejorar realmente la calidad de la enseñanza, y para que todos puedan estudiar. Eso no existe”, dijo el propietario de MORENA.

¿Así se transforma un país?

Definitivamente el camino de las reformas no es de alfombra roja, pero el desgaste de las propuestas originales es evidente en el día a día.

¿Alcanzará al Presidente Enrique Peña Nieto y al PRI para presumir otro México, ya no después de los 120 días de gracia, sino a partir, digamos, del tercer año de gobierno?

Es así de sencillo y así de trascendente.

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