Plan de seguridad de AMLO, lo mismo, pero revolcado

Todavía sin elecciones, y ni siquiera campaña oficial, Andrés Manuel López Obrador presentó a su probable equipo de Seguridad

Como su Secretario de Seguridad ‘bomba’ lanza a Alfonso Durazo, ex colaborador del PRI y del PAN

El jueves fue un día bastante esperado por seguidores, observadores y malquerientes de Andrés Manuel López Obrador.

La expectativa por conocer su plan y estrategia (así, separados) de seguridad a aplicar en caso de ganar la Presidencia de la República en julio era, francamente, muy alta.

Apenas horas antes, quien esto escribe conjeturaba sobre el tamaño de la sorpresa. En el plano más serio divagué sobre la llegada de un General a la cabeza de su estrategia, pero recapacité en que eso sería valerse de quien él dice no debe combatir el crimen organizado, el Ejército.

Dejé en paz a “la persona” y me enfoqué en la forma, la estructura, la gran idea. Algo más allá de lo dicho y de más seriedad que pensar en permitir a ladrones, asesinos, vendedores de drogas, secuestradores, torturadores, tratantes, pasear, como si nada, en centros comerciales, parques, playas, cines, reconocidos por todos, pero gozando de la “amnistía” otorgada por quien ofrece la reunificación de conciencias.

No daba con bola. Me di. Mi horario es “anormal”, entonces, cuando despierto, por lo regular, ya se han dado dos que tres noticias importantes en el país y en el mundo. Me dormí como quien espera a los Santos Reyes.

Sorpresas hubo, y vaya que las hubo. Con respecto a los Reyes, sin novedad.

De entrada tuve que echar reversa y volver a “la persona”. Asumir que Alfonso Durazo y cuatro o cinco personas más que acompañaron a Andrés Manuel López Obrador en su esperada rueda de prensa eran los indicados para salvarnos del infierno me apagó y decepcionó no por que falte entereza a las cualidades humanas y de trayectoria del ex secretario particular, en varias ocasiones, de Luis Donaldo Colosio y, muy posteriormente, de Vicente Fox, con quien también fungió como vocero, sino porque el asunto tan discutido y analizado de la violencia e inseguridad debe dar para perfiles sumamente duros, pero a la vez innovadores.

De hecho, los momentos de más peso y recientes de Durazo datan de su paso como colaborador de Fox, cuya relación culminó con un encontronazo con Marta Sahagún.

No se diga del resto de los presentados: General Audomaro Martínez Zapata; vicealmirante José Manuel Solano Ochoa; el empresario Marcos Fastlicht Sackler (suegro de Emilio Azcárraga Jean); el ex secretario de Seguridad Pública Alejandro Gertz Manero; la ex legisladora y activista de derechos humanos Loreta Ortiz, y la ministra Olga Sánchez Cordero, quien apunta, además, como Secretaria de Gobernación. Ellos, en principio, conformarían un Consejo Asesor.

Tan sorprendente el presentador como el presentado.

Después de su presentación, al ser cuestionado sobre el término mágico “amnistía”, Durazo (como López Obrador un día después) dijo que ellos no han pensado en sentarse a negociar con capos del narcotráfico como el líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera “El Mencho”.

Pretendió una estocada: La amnistía podría aplicar en los miles de casos de campesinos que están en el narcocultivo.
“Pensemos, entonces, en los beneficios de carácter social que podría tener una amnistía pensando en aquellos que han encontrado en la criminalidad una opción de sobrevivencia económica.
“Y que en la medida que tengamos capacidad para ofrecerles oportunidades laborales, de estudio, de salud, de recreación, etcétera, podremos rescatarlos de las garras de la criminalidad”, pero quedó en faena. Intentar sacar de una actividad del nivel de riesgo, como es el narcotráfico, a los involucrados por necesidad es llevarlos al matadero. Quien ingresa a las filas del crimen organizado, señalan los cánones de las mafias internacionales, sólo salen muertos. Hay juramentos, pactos, pero sobre todo amenazas y sentencias.
Hace unos días mencionábamos las tenebrosas cifras del crimen organizado mundial:

“El crimen organizado mueve más de 2 billones de dólares por año, lo que equivaldría a dos veces el presupuesto militar anual del planeta o a todo el PIB de América del Sur sumado.

“Sus principales fuentes de ingresos provienen del lavado de dinero, el contrabando y la piratería (520 mil millones de dólares), y el tráfico de drogas (320 mil millones de dólares), de personas (44 mil millones de dólares) y de armas (10 mil millones de dólares).

“El Banco Mundial estima que más de 1 billón de dólares se destina al pago de sobornos cada año, de los que entre 20 mil y 40 mil millones de dólares son para funcionarios de países en vías de desarrollo, pero otros 60 mil a 80 mil millones de dólares quedan en sus pares del mundo desarrollado”.

LA JUGADA DE TRES BANDAS

Después del anuncio, López Obrador debió percibir la incredulidad general. Al menos euforia no hubo, sino todo lo contrario.

Ya he dicho que muchos de los “opinólogos espontáneos” en las redes sociales deben dedicarse a escribir o, cuando menos, a asesorar a escritores e intelectuales.

Algunos de ellos jugaron, malévolamente, con el apellido Durazo. Leí en la página en línea de Reforma:

“En su periodo (de Andrés Manuel) en el DF, los secuestros aumentaron de manera considerable. Hubo un Durazo que sí mantenía la seguridad en el DF, y si los mafiosos se salían de control aparecían flotando en el rio Tula; desafortunadamente no es éste Durazo”, escribió uno de ellos.

Otro casi lo replica: “Del único Durazo que me acuerdo en seguridad, y que no la hizo nada mal, es del ‘Negro’. Tenía la misma relación con los mafiosos que AMLO y que la mafia del poder, pero aquel sí los controlaba…”.

Ese mismo día, en Temixco, Morelos, López Obrador sacó de su hondo pecho, nada más, tres imaginadas bandas presidenciales, la de Juárez, la de Madero y la de Cárdenas.

Andrés Manuel no se anduvo por las ramas; quiere ser tres en uno.

“No quiero ser -soy muy consciente- como Santa Anna; no quiero ser como Porfirio Díaz; no quiero ser como Victoriano Huerta; no quiero ser como Carlos Salinas de Gortari; no quiero ser como Felipe Calderón; no quiero ser como Peña Nieto. Quiero ser como Benito Juárez, como Francisco I. Madero y como el general Lázaro Cárdenas Cárdenas del Río”. Qué chulada.

Unas horas antes, seguramente a sus invitados especiales, los que conformarían lo que el llamaría el Consejo Asesor para Garantizar la Paz, los vio con cara de integrantes de la Liga de la Justicia.

La espera de días se desvaneció en horas. El anuncio del candidato de Morena se quedó corto. Ninguna “arma nuclear” para al menos hacerse a la idea de que el asunto va en serio. Nada.

Entre sus propuestas está la de conformar una corporación mezclando policías con militares. Esta, al parecer, sería la Guardia Nacional. No sé si esto haga más efectivos a los ex policías y menos cuestionables a los ex militares.

Lo que sí es que ninguna Guardia Nacional es novedad ni garantía de acabar con la inseguridad y violencia. ¿O los capos y jefes de los cárteles actúan según el uniforme que los combata?

Convertir a militares en policías de elite fue una acción emprendida en Nuevo León, combinada con la creación de otra corporación policiaca mucho mejor pagada. Eso ayudó un poco, sin embargo, quien “barrió” el estado de gente violenta fue la Marina. La gente lo sabe y lo reconoce.

Hoy, por cierto, sin los marinos, algunos municipios, entre ellos la capital, Monterrey, ha vuelto a ser asediada.

Andrés Manuel también propone regresar la Secretaría de Seguridad Pública federal. ¿Qué es lo nuevo?

Una más, por increíble que parezca; sí tiene pensado implementar el “Mando Único”, pero sin iniciativas ni vueltas de tuerca. Será él y punto, “sin delegar la responsabilidad a nadie”, dijo.

“Va a ver ‘Mando Único’. Tengo la experiencia de cuando fui Jefe de Gobierno en la Ciudad de México, que todos los días, desde las 6:00 de la mañana, me reunía con el Gabinete de Seguridad”.
Y seguramente, con la reunión madrugadora, los delincuentes saldrán corriendo.

En el marco de su propuesta para “conseguir la paz” en tres años, Andrés Manuel asegura que el preámbulo será “primero el desarrollo, el empleo y el bienestar… Vamos primero a atender las causas de era crisis”.

Una meta de lograr desarrollo, empleo (suponiendo que el presumido por Peña Nieto -4 millones en 6 años- se quede corto) y bienestar, estaríamos hablando, al menos para desarrollo y bienestar, de unas dos décadas, y bastante bien dedicados, pero no sólo eso; ¿cuántos mexicanos son hoy empleados por el crimen organizado? Los miles o millones, al sacarlos de su “modus vivendi”, ¿dónde los meterá?

Las mañas no se quitan ni por decreto ni por iluminación, pero que nada suene a demérito. Con la intención basta.