El año ‘D’… La ‘cruzada’ por Los Pinos

La verdadera lucha por la Presidencia de la República arranca este 1 de enero

Ha dicho de todo, un monumento al cúmulo de sueños, pero la semana pasada reiteró: “Las puertas de Morena (¿el cielo?) están abiertas a mujeres y hombres de buena voluntad”.

Y eso es como si, hoy, cualquier mitin político debiera abrirse con el “Ave María” de Schubert.

Es el preámbulo del proceso electoral del 2018. Sui géneris. Una elección en la que la ciudadanía ya no sabe cómo pedir “a quien gane” la comprensión para realmente atender pendientes (exagerados o no, dimensionados o no) y un ejército de candidatos que ya no sabe cómo lanzarse a los brazos del votante, pero la andanza, el acercamiento -titubeante de unos, inexperto de otros, mañoso de unos más-, entre quienes piden y los que ofrecen dar, comienza ya, como fecha cabalística, este 1 de enero.

Deus vult, la Cruzada va.

Y, como en toda guerra, las alianzas cuentan, y hasta resultan vitales para aplastar al enemigo. En la arena política mexicana, la táctica es legal y, según pasa el tiempo, hasta necesaria. Ya nadie, ni ningún partido, gana solo.

Desde el 2000, con la llegada de la Alternancia y la Transición, no sólo se han convalidado ideologías antes irreconciliables; se han mezclado intereses y hasta empecinamientos.

La Historia cuenta que así triunfaron muchos ejércitos invasores, haciendo alianzas. Y si en el ímpetu iba la espada, también, en ocasiones, la traición.

QUEMANDO LAS NAVES

Los hay de todo. Contendientes avanzados y aguerridos. Aventajados y rezagados, pero, como en cualquier batalla, las treguas reagrupan y repasan tácticas.

Rumbo al proceso mexicano que se cumplirá el 1 de julio, los competidores, aunque no sueltan prenda, velan armas durante el calderonesco puente “Guadalupe-Reyes”.

El 2018 deberá iniciar como pinta, con un “sálvese quien pueda”.

Con una abrumadora ventaja mediática y de apoyo popular, remitiéndonos a las tempranas encuestas, llega Andrés Manuel López Obrador con su propio ejército de Morena después de abandonar su viejo resguardo, el PRD, al que no dejó otra opción que buscar cobijo bajo las armaduras de la caballería azul.

Va por la tercera y dice que es la vencida. Aunque ha caído en los mismos errores que las dos veces anteriores, principalmente en el de confrontarse con todo el mundo y desvirtuar cualquier cosa que venga del Gobierno federal o de los partidos contrincantes, sus números parecen ir hacia arriba.

Igual se confronta con todos, pero indulta y abre la puerta a todos. Su lema es figurativo y se deduce en sus acciones: “Todo es malo mientras yo no diga que es bueno”.

Andrés Manuel ha quemado casi todas sus naves. Como tímidamente lo hacen otros, para asegurar su victoria no ha sido capaz de aliarse hasta con el diablo (aunque quién sabe), pero sí con Dios.

En este su tercer intento, más que en los dos anteriores, ha recurrido a hurgar el alma de los “fieles”. Y con casi la recreación del bautismo ha impuesto moda.

El líder de Morena profesa una imagen de samaritano indulgente que a leguas se nota barnizada. López Obrador no cree en nada, pero dice creer en todo. No cree, porque ni siquiera la aplica, en la democracia.

Un día afirma una cosa y al otro la niega. Lo resuelve fácil; es su lema (“todo es malo mientras yo no diga que es bueno”).

Ocurrió con una de sus naves que pudo pintarse de cualquier color o blindarse con cualquier armadura, el PES (Partido Encuentro Social).

La suma de posibles votos vale la pena “mandar al diablo” el respeto a sus seguidores si con ello quizá no arregle el país, pero sí será Presidente de la República. Ello le evitaría, cuando menos por seis años, si no tiene otra de esas peligrosas ocurrencias, irse a su finca a hacer labores de siembra o echarse la vuelta a alguna playa a liberar tortuguitas.

Si gana hará Historia. Para bien o para mal.

‘DEI GRATIA’

Descaro o pragmatismo, en la política ya no hay barreras para obtener el poder o para un acto tan simple como llegar a la Presidencia de la República, que en los sistemas republicanos, al igual que en las monarquías o cualquier otro, es el poder absoluto.

La pena ajena, y particular, que asumieron el PAN y el PRD por anunciar, en mayo, una alianza para competir el 1 de julio del año que hoy inicia la diluyó la maniobra de López Obrador de pactar una coalición con el Partido Encuentro Social, un partido menor de tendencia cristiana con señalamientos de ideas ultraconservadoras.

En ambos casos algo debe haber de “los renglones torcidos de Dios”.

Tan simple volver a la normalidad: El PAN con el PES y el PRD con Morena.

Las discrepancias, en el exterior, tanto de la Derecha como de la Izquierda condujeron a los líderes respectivos a romper los pactos de sangre y a mezclar dogmas, pero también las diferencias internas. Siempre he sostenido, si el sentido común no falla, que un PAN dividido no puede ganar; que un PRD dividido no puede ganar; que una Izquierda dividida no puede ganar; que una Derecha dividida no puede ganar.

Al PRI le ocurrió una vez, en el 2006, y ocupó el tercer lugar en la elección presidencial.

Claro, un liderazgo competitivo y reconocido rompe esquemas y paradigmas. ¿Existe alguno entre quienes ya claramente competirán el 1 de julio?

Mucho se ha dicho: Solos no ganan. Como ocurre con Morena, que buscó la alianza con dos partidos más, y con el PRI, que se unió con sus incondicionales Verde y Panal.

Sin embargo, ni en los semblantes de Alejandra Barrales y Ricardo Anaya se refleja la naturalidad del pacto.

Entre la tenacidad (vamos a llamarle así) de Andrés Manuel y la viveza de Anaya (porque hacer a un lado, sutilmente, a Barrales -para que fuera por la libre por la candidatura a la CDMX, y a Miguel Mancera, pero colocándolo como el candado a la propia ex dirigente perredista- no es sino táctica de un vivaz) hay un común denominador: Evitar que el PRI repita a la oposición otro 2012, dejándolos como ineptos.

El ardor no es poco; después de la aparente sentencia a nunca más volver a la Presidencia de la República por sus onerosos 70 años en el poder, Enrique Peña Nieto les arrebató otros seis años. Que justo cuando se dieron cuenta que iba derechito a repetir la dosis en el 2018 decidieron meterle carbón a la locomotora y pararon las antenas.

En esas está Anaya, ya, sin el estorbo de Barrales y Mancera.

El Frente, pienso, sólo tiene la oportunidad de llegar a ser balanza entre el primero y tercer lugar… “Dei Gratia”.

LOS CABALLOS DE TROYA

Hasta esta semana que concluye, y que pinta una raya, las armas de López Obrador, como las de Anaya, están más que vistas y exhibidas.

Ambos iniciaron, muy temprano, sus campañas robando espacios publicitarios a sus propios partidos. En consecuencia, sacan ventaja.

Las encuestas hasta hoy publicadas señalan al de Morena en primer lugar y al del PAN (que no del Frente) en segundo, pero es un juego de espejos.

En realidad, en medio de ambos están el PRI y los independientes, principalmente Margarita Zavala, Jaime Rodríguez “El Bronco” y Armando Ríos Piter.

¿Por qué el PRI y no José Antonio Meade? Porque apenas y cumple un mes de haber sido lanzado al ruedo.

¿Por qué en medio quienes, en apariencia, van en tercer y cuarto lugar? Porque el punto a golpear el primero es el PRI, pero también del PAN (el Frente). Porque el Frente no gana. De no ganar López Obrador, gana el PRI.

Las guerras son, primordialmente, tácticas. Quien se lanza como “El Borras”, seguramente, pierde.

Entonces, si las encuestas llegan hasta las últimas dos semanas como van ahora, ocurrirán las dimisiones y adhesiones. Hay un gran empate en las posiciones que apuestan todo a que el PRI continúe en Los Pinos, la misma proporción que apuesta todo a que el de Morena no gobierne México.

¿Qué pesa más? Hay posiciones, contendientes, cuya participación sólo sirve para hacer balanza.

¿De qué manera o con quién quieren ser verdaderamente ganadores?

No imagino cómo hacer para retenerla, pero el PRI (que parece acorralado, indefenso o resignado, y no tener prisa en caminar sobre las brasas, pero sí poner en marcha la maniobra de que otros lo hagan por él) no podría entregar su estancia en Los Pinos.

¿Juego de ajedrez o simple “caballo de troya”?

Si el 1 y el 2 ya mostraron casi todo su repertorio, hay quienes lo harán a partir de esta semana que inicia, o al menos eso se piensa en una lógica de verdadera contienda por el poder y lo que implica ganar o perder.

Mucho se dice de José Antonio Meade, de su tranquilidad, inexperiencia política, falta de cercanía con la ciudadanía, poca enjundia en sus discursos, pero la sobriedad también es una táctica.

Sustituirlo, como muchos apresurados lo han pregonado apenas horas después de su nombramiento, es un error. Aurelio Nuño casi es de las mismas características, sólo que uno es simpatizante y el otro militante. ¿Cambiaría eso las cosas? Creo que ni siquiera entrando Eruviel Ávila al quite.

Por el lado de los independientes, del casi centenar que se registró para la presidencial, sólo Zavala, “El Bronco” y, tal vez, Ríos Piter llegarán a la candidatura, pero sólo para presumir, posteriormente, que participaron en una contienda presidencial… o para inclinarse por… No tienen otro papel.

Así de sencillo. No perdamos de vista los “caballos de troya”.

UN ASUNTO TERRENAL

A finales de noviembre, Humberto Roque Villanueva, subsecretario de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, expresó, con mucha confianza, que ni católicos ni evangélicos tienen la intención de intervenir, de ninguna manera, en el proceso electoral del 2018.

Por esas fechas, tanto el Nuncio Apostólico en México, Franco Coppola, como el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el Cardenal Francisco Robles Ortega, dejaron claro, por parte de la Iglesia Católica, que no meterían mano.

El primero señaló que la misión era sólo “orientar a los fieles”.

Robles Ortega dijo que la Iglesia “no debe inducir el voto hacia partido o candidato alguno”.

“No es nuestra misión sustituir las conciencias, sino iluminarlas con la luz de la fe…”.

Los evangelistas no sólo toman; hasta tienen partido.

En política no existen los “illuminati”, así que la certeza irá brotando sola, al paso de las semanas.

Ya hay de todo; habrá más. Toda guerra frustra sueños o caprichos. Todo es terrenal, pero cualquier ayuda del cielo… no cae mal.