Locura y engaño no curan injusticia y pobreza, pero sí ‘compran’ votos

Convento de Arrabal
Escrito por: El Parroquiano

Afrentas disfrazadas de propuestas de buena voluntad deben contrarrestarse o frenarse definitivamente, dando una respuesta convincente a la gente

Lo ideal sería no convertir el proceso electoral en un pleito de vecindad, pero hay afrentas, disfrazadas de propuestas de buena voluntad, que deben contrarrestarse o frenarse definitivamente, dando una respuesta convincente a la gente.

Es dañino, peligroso e irrespetuoso, que un candidato, en este caso Andrés Manuel López Obrador, engañe a los ciudadanos aprovechándose, sin ser despectivo, de carencias sociales y culturales.

Él, que tanto reclama la “compra” de votos con una u otra artimaña, utiliza la más agraviante y humillante, el engaño.

Ante sus seguidores -la mayoría con plena razón de buscar casi a un “salvador” que los saque del subdesarrollo porque el sistema los ha arrinconado y olvidado, es la verdad- debiera ser más explícito y contarles que “él podría proponer la modificación” de algunos cambios constitucionales en diversos temas. Que “él podría intentar frenar la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México”; que “él buscaría la construcción de cuatro o seis refinerías más”; que “él sueña con construir un ‘Canal de Panamá’ en el Istmo de Tehuantepec”; que “él apuesta a una amnistía a los criminales”; que “él quiere eliminar las pensiones de los ex Presidentes de la República”; que “él podría construir un Gobierno federal itinerante”; que “él buscará mantener a los ‘ninis’ con 2,600 pesos al mes”; que “él”, que “él”, que “él”, pero si el Legislativo lo aprueba… y el Judicial no ve patrañas dictatoriales.

Es decir, explicarles que se está proponiendo para Presidente de la República en un Estado democrático en el que el Mandatario federal más osado debe someterse a la opinión y escrutinio de los otros Poderes. Que, por ello, en México existe la llamada “Separación de Poderes” que “proporciona una serie de controles y equilibrios, de modo que si una rama del gobierno sobrepasa su poder, o infringe los derechos de los ciudadanos, las otras ramas pueden intervenir”, aunque, de los tres Poderes, el Ejecutivo podría considerarse el que sobresale o rige mayormente por el cúmulo de facultades, sus movimientos, sus acciones, son sometidas al Legislativo o el Judicial de una u otra forma.

Eso distingue el modelo democrático al monárquico, por ejemplo. Y de emperadores, salvo los de los aztecas, con Agustín I y Maximiliano de Habsburgo tuvimos.

Claro, en el mundo, para todos hay opciones. En Venezuela, por ejemplo, para que Nicolás Maduro hiciera y deshiciera, él mismo, como su antecesor, Hugo Chávez, disolvió el Congreso (Asamblea Nacional) y se apoderó del Tribunal Supremo de Justicia, pero eso ya no es ni democracia ni monarquía. Es dictadura.

Entonces, todo deseo de Andrés Manuel puede hacerse realidad si los otros poderes, principalmente el Legislativo, que estará también en tercios o cuartos, así lo resuelve, pero cuidado con el otro, el Poder Judicial, que de detectar una extravagancia, y en la presencia de ministros tan de primerísima calidad, salvo ciertas excepciones, oprimiría el botón rojo y a volar Presidente.

Esto, otra vez, ni dudarlo de cualquier actitud dictatorial, echaría a enfrentar en las calles a los mexicanos, panorama inimaginable cuyas consecuencias las pagarían los culpables sólo ante la Corte Internacional de La Haya.

Entonces, ofrecerle a la gente que de ganar la Presidencia “cancelará” la Reforma Educativa, la Reforma Energética, la Fiscal, la de Telecomunicaciones, es, de su parte, bastante grosero, una burla imperdonable.

Con el oprobio hacia sus seguidores se erige en “conquistador” de conciencias, figura desdeñable históricamente.

¿A dónde miramos: Al sur o al norte? Al primero ya lo hicimos, el caso Venezuela. Al norte, Donald Trump lanzó 100 apuestas; 100 retos. No ha podido, a pesar de tener un Congreso de mayoría republicana. Su primer y más reciente éxito fue la Reforma Fiscal, la cual, si se quiere, resulta “ad hoc” a un país superdesarrollado como Estados Unidos. En el resto, Trump sigue soñando, pero supongamos que no todo deba pasar por el Congreso o que por alguna rendija legal o por “sus…” se brinque cualquier procedimiento; ¿se la pasará desbaratando, un día sí y otro también, todo lo que diga que no le gusta?

Por muy desequilibrado que esté el sistema, la solución, digamos, a la pobreza, la justicia, la paz, la convivencia, nunca será la locura.

Lo otro, lo más congruente, es que a partir del 1 de diciembre de 2018, desde Palacio Nacional, dé las gracias porque la tercera fue la vencida. Y todo siga igual (o peor), pero no por culpa de él, sino de quienes se lo heredaron.

El pueblo a su finca.

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