El PRI indefenso, con un as bajo la manga o resignado

Convento de Arrabal
Escrito por: El Parroquiano

En los próximos cinco meses ocurrirá algo extremo: Un irremediable desencanto o un inobjetable encanto. Pero sólo habrá de dos sopas

Me cuenta un amigo, entre charla de Navidad y Año Nuevo, que “hay mucha grilla qué comentar”, y hace énfasis en el extendido supuesto enojo priísta por la designación del “simpatizante” José Antonio Meade como casi candidato presidencial.

Pero, además, cae también en el otro “supuesto” para avivar la llama de que el priísmo, de cara a la elección de mitad de año está contra la pared, “el ‘simpatizante’ no levanta”.

Al menos hasta este 31 de diciembre todavía sostengo que ningún precandidato ha tenido el tiempo suficiente para demostrar su verdadero potencial, excepto, el de siempre por motivos claros, Andrés Manuel López Obrador, con su década y media de campaña.

El asunto de que si Meade levanta o no me parece uno de tantos “cuetitos” comunes en la guerra de desgaste. Sin apuntar que el “simpatizante” sea el gran tino priísta.

Ahora sí hago hincapié: Pero hasta este 31 de diciembre, el cual por razones de plazos, conclusión de año, reacomodos, respiros, fiestas, puentes (sobre todo el Guadalupe-Reyes), puede ser un parteaguas.

De no darse un cambio de fisonomía, por ejemplo, en la campaña priísta o un poco más de fuerza en la del Frente con Ricardo Anaya a la cabeza, podemos estar casi seguros que el líder de Morena pinta fuerte para llevarse la “copa”.

Los comentarios de mi preocupado amigo y otros más de una tierra tan árida en otros tiempos para la izquierda como lo es Nuevo León, que en características políticas se empareja con Coahuila, Tamaulipas, Sinaloa, Sonora, dan un iris de cómo están las cosas, pues en realidad la gente no piensa en otro candidato que no sea el ya tres veces candidato presidencial.

En el decir de la gente del norte de la República en favor de López Obrador se transparenta un halo de “ya, definitivamente, no hay de otra” o de “hay que darle la oportunidad a quien parece, de tanto insistir, quien tiene la solución para un México digno en todos los sentidos”.

En la gente del norte del país hay incredulidad, desesperación y enojo. Y no porque el país esté en malas condiciones o hundido en crisis económica, como dice el panista Marko Cortés. Sino, más bien, porque el gobierno federal no ha sabido “vender” lo que ha hecho o no ha podido contrarrestar la avalancha en su contra desde rede sociales.

Vaya, las iniciativas aprobadas (de toda índole) se las intentan echar abajo antes de entrar en vigor. ¿En verdad existe una oposición tan certera, crítica, limpia, inteligente?

La mala, y a veces hasta corriente, imagen del primer gobernador independiente, Jaime, “El Broco”, Rodríguez, ha decepcionado a muchos.

En realidad, ni partidos ni independientes. Entonces, pues el que trae el silbato, el confeti, los gorritos. El que emociona con el cuento de circo de “vengan a ver a la mujer que se convirtió en araña por desobedecer a sus padres”. El que hará y deshará. El que con una danza atraerá la lluvia; con un soplido aliviará dolores. El que ahora cuando da discursos pone cara de intelectual comunista de hace 50 años y hace gestos de curandero inmaculado.

De todo este entramado que concluye, en su primera fase esta semana, el que luce en la peor situación es el PRI.

En el supuesto, otro más, de que el Presidente Enrique Peña Nieto, como priísta principal, “sabe lo que hace”, Meade debe ser un huracán tan sólo después de partir la Rosca de Reyes (o a partir del 1 de enero, si puede). Será cabalístico que le toque o no el “muñequito”.

Porque por lo visto hasta ahora, al PRI le llueve en su milpa. En algunos medios de comunicación, no se diga en redes sociales, se la tienen cantada. Lo traen a palos.

Hoy, por encima de sus lánguidos argumentos contra la acusación de desvío de recursos de Hacienda a campañas locales en Chihuahua, Veracruz, Tamaulipas y otros tantos estados, parece un partido indefenso y sin la enjundia de otras campañas electorales.

Parece no encontrar el lado a la ciudadanía como aquel que ofrece espejitos. O el que vende su pura alharaca.

La gente no sabe qué reclama a los priístas, pero no un país en crisis porque el país no está en crisis, ni ante la inseguridad, ni ante los números de inflación entendible por las políticas internacionales, pero bien resueltas. México está fuerte.

Entonces voltean la mirada, hacia López Obrador, no hacia Ricardo Anaya. No veo a un electorado volcado hacia el Frente, no tiene sustancia. Es sólo un movimiento de referencia.

Anaya tiene un buen discurso, que sería excelente en otro tiempo de su propio partido, pero no en uno “amasado” entre las broncas internas panistas y las broncas internas perredistas.

En los próximos cinco meses ocurrirá algo extremo: Un irremediable desencanto o un inobjetable encanto. Pero sólo habrá de dos sopas.

Convento1959@hotmail.com