Si el gobierno federal lo hace bien… la reconstrucción, una agenda clave

La movilización casi a diario del Presidente Enrique Peña Nieto, de un estado a otro, de un municipio a otro, de los afectados por los dos sismos (7 y 19 de septiembre), tiene un objetivo claro, ni inventado, ni calculado, ni exagerado, atender a la población. No cabe el beneficio político, sí la responsabilidad como Estado

Ser médico, dicen, es una de las profesiones con mayor futuro para quien la desempeña cabalmente. Las enfermedades nunca se acaban, así la medicina evolucione casi a diario.

Los mismo pasa con los restaurantes, afirman. Siempre habrá quien desee echarse un taquito, una sopita, un buen “roast beef”.

O con los talleres para autos.

Pienso lo mismo para los medios de comunicación. ¿Alguna vez dejará de haber noticias, hechos (sobre todo esto), chismes? Creo en la realidad de la tecnología y en el “boom” de la era digital, pero no me trago, por la propia significancia de “un mundo de sucesos”, en la ya prematura muerte, como aseguran algunos, de los medios impresos.

Vaya ni siquiera la industria editorial impresa ha bajado al grado de sentirse amenazada. No al menos para los próximos 50 años.

Suele ocurrir, el humano se emociona de más cuando una “ruptura” marca el inicio de otra época. Ocurrió con la llegada del hombre a la luna. Todavía (50 años después) no es hora de ver al primer humano ni vivir en el mencionado satélite, ni mucho menos en planetas como Marte.

En las eras de la humanidad, sobre todo la Moderna, han ocurrido hechos como la invención de la imprenta, la aparición de la televisión, la rueda, el auto, el teléfono, el avión. Todo tiene un periodo de asentamiento y desarrollo de décadas.

Estamos, pues, en las postrimerías de ver realmente la supremacía de la era digital. Digamos en un siglo más. Incluso cuando podamos leer sobre el vacío, por lo pronto es más interesante en papel.

Pero en realidad me quiero referir al cúmulo informativo y no necesariamente a la velocidad de la información, ni siquiera a si los receptores o lectores prefieren el incipiente internet (por el cual y con tan desbaratado inicio todos andamos como loquitos) o el (dicen) caduco papel.

El fin de semana pasado vimos entrar un periodo de tranquilidad en el país a pesar de los saldos catastróficos, a casi 20 días de apuros, para iniciar esta semana con los garrotazos en Cataluña y el dantesco ataque en la ciudad de las apuesta, Las Vegas, con un saldo de 60 muertos.

Lo hemos dicho en repetidas ocasiones, un tema cubre otro.

¿Alguien se acuerda de la huelga de hambre de Javier Duarte, o al menos supo de su intento por atraer miradas con tan quemado método?

¿Alguien supo de la misma treta utilizada por Roberto Borge en Panamá para alargar su extradición?

¿Se acuerda usted del socavón en el “Paso Exprés de Cuernavaca? ¿De la bronca del Jefe Delegacional de Tláhuac, Rigoberto Salgado, por su supuesta relación con “El Ojos”?

Vaya, ¿del “traca-traca” en el Senado y la Cámara de Diputados por el “pase automático” de Procurador a Fiscal General?

Tal vez el tema más fresco fue la rebatinga por el buen corazón de los partidos ante la tragedia de muchos mexicanos afectados. Todo mundo propuso, pero la verdad a la idea más “chipocluda”, la del PRI, también, todo mundo le rehuyó. Claro, la bola estaba demasiado ensalivada. ¿Cómo quedarse sin recursos en el tercer trimestre del 2017, cuando es precisamente parte importante del proceso electoral del 2018, el prólogo, la introducción? Y, mucho menos, sin dinero público en el año de la elección. Los partidos son bondadosos, pero no tanto.

Pese a todo, incluso, a la más fresca de las noticias amargas, la de los 60 acribillados en el “Mandalay Bay” a manos de un demente (“está muy enfermo”, ¡diría Trump!), habrá un tema inamovible al menos para los siguientes seis meses.

No es un tema para el PRI, es una prueba de fuego para el Gobierno federal en manos del PRI. Es decir, si la gran plataforma de inicio de sexenio fueron las reformas estructurales, ahora es cuando, así muchas esté previstas den resultados a mediano y largo plazo, lo poco cosechado debe ir hacia los damnificados.

La palabra la tiene el propio gobierno, como Estado.

En el terreno político hay muchos detractores, desean ver un estado fallido bajo cualquier descuido de la administración peñista.

Apenas el 17 de septiembre, dos días antes de la gran tragedia, convertida en sosias de la de 1985, IMPACTO, La Revista publicaba su portada 3,524 con el encabezado “El Otro Frente”. El Gobierno federal, casi convertido en itinerante, se volcaba con Gabinete completo a atender a los afectados por el brutal sismo de 8.2 grados, principalmente en Oaxaca y Chiapas.

Quizá la pretensión de demostrar ser buen gobierno, de estar cerca del pueblo-pueblo iba implícita en la propia tragedia, aun por encima de los prejuicios preconcebidos por una oposición especulativa, de una oposición trémula hasta en sus preparativos para disputar la Presidencia de la República en 2018.

La tragedia del 7 y 19 de septiembre de este año no fue obra del actual Gobierno federal, como tampoco lo fue la desaparición y casi segura ejecución de los 43 normalistas de Ayotzinapa (cuya mano sucia correspondió a la Izquierda) hace tres años, sin embargo, la existencia de una responsabilidad nacional obliga a la actuación del gobierno en turno.

Entre el 7 y 19 de septiembre vimos ir y venir a Secretarios y colaboradores de Peña Nieto de Oaxaca y Chiapas, principalmente a los responsables de la Defensa Nacional, General Salvador Cienfuegos, y al de la Marina, Almirante Francisco Soberón. Al responsable de Asuntos del Interior, Miguel Osorio; a la encargada de Desarrollo Territorial y Urbano, Rosario Robles; de Educación, Aurelio Nuño; de Hacienda, José Antonio Meade; de Salud, José Narro; de la Sagarpa, José Calzada; Energía, Pedro Joaquín Coldwell; Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza; Turismo, Enrique de la Madrid.

El punto de quiebre fue el martes 19 de septiembre a las 13:14 horas, cuando casi llegando a la Base Aérea de Ixtepec, Oaxaca, el Presidente ordenó a los pilotos no aterrizar y retornar a la Ciudad de México. Varios estados estaban en una alerta intensa, otro sismo de 7.1 grados había causado daños mayores.

A partir de aquí la labor fue global. A la asistencia ciudadana, como debía ser, se sumaron los gobernantes de las entidades, especialmente el de la Ciudad de México, Miguel Mancera.

Un gran reconocimiento debe ser para la sociedad civil. Otro para el Gobierno federal. Sin embargo, los peor de daños causados por una tragedia, sobre todo cuando hay decenas de pérdidas de vida, de gente sin hogar, es, precisamente, la reconstrucción.

Peña Nieto no ha aflojado un minuto. A veces aparece cansado, pero enjundioso, ante el rostro de la población por los daños. Pero va y viene lo mismo a Oaxaca o a Puebla, a Morelos o a Chiapas; o coordina junto con Mancera las labores en la Ciudad de México.

Alguien podrá hoy criticar la entrega de tarjetas del Presidente para comprar material y para pagar la obra, pero no habrá margen para morderse los labios. Sobre lo dicho, Peña debe cumplir primero a quienes lo necesitan hayan o no votado por él, vayan o no a votar por el PRI.

Los apoyos se entregarán a los damnificados en monederos electrónicos, dijo este martes en Asunción Ixtaltepec, Oaxaca.

“En el caso de daño parcial, se recibirá una tarjeta bancaria por 15 mil pesos para usarlos en la reparación (materiales, mano de obra o autoempleo).

“En el caso de aquellas viviendas que tuvieron daños mayores, eventualmente se hará un depósito adicional.

“Si se trata de daño total, el apoyo será de 120 mil pesos por vivienda en cuatro ministraciones: octubre, noviembre, diciembre y enero.

“En estos casos se entregarán dos tarjetas, una exclusivamente para adquisición de materiales y otra para cubrir otros gastos de reparación. En total, serán 90 mil pesos para materiales y 30 mil para cubrir otros gastos como mano de obra.

“En caso de requerirse un monto adicional, se pondrá a disposición de los damnificados un crédito muy accesible, a tasas preferenciales muy bajas”.

Las tragedias no avisan, pero tampoco las oportunidades de recomponer un camino, sobre todo de incredulidad. No se trata de convencer a nadie, sino de obrar en consecuencia de un cargo.

El Gobierno federal sabe si afloja. Lo demás es grilla, porque la información, como las enfermedades, el hambre, las composturas de autos, nunca se acaban.