La alianza se rompe y el PRD se va con AMLO

Antes de este fatídico martes, cuando parecía el retorno de la frivolidad política, tras semana y media de sufrimientos a causa de caprichos naturales, alguien hizo la pregunta pendiente, el acertijo: ¿Si finalmente el “clamor” es no volver a ver al PRI en Los Pinos, aceptaría la Alianza a Andrés Manuel López Obrador? Anaya y Barrales responden

Momentos, horas, días, de aflicción nacional… Solidaridad… El resto es frivolidad

Si cíclicamente aparecen “chamanes” augurando el fin del mundo, como ya algunos lo predicen para la próxima semana (más allá de un lamentable, enorme, dolor infringido por la naturaleza, única sin colores ni ideologías), por qué no habríamos de vaticinar la ruptura entre PAN y PRD por el corazón de Andrés Manuel López Obrador, ante el activo inmaterial del agua y el aceite.

Y decimos entre el PAN y el PRD porque Movimiento Ciudadano es mero membrete.

No nos la vamos a sacar con el ya clásico adagio de Manlio Fabio Beltrones de la “alianza contra-natura”, porque el resultado de la ecuación de unir reactivos incompatibles es el desastre. Lo explica la Lógica y lo deduce la Dialéctica.

Desde su insospechada aparición pública juntos, el 20 de mayo para anunciar un Frente Amplio Opositor, Alejandra Barrales y Ricardo Anaya sembraron el asombro. Hasta el pasado 5 de septiembre cuando formalizaron el Frente Ciudadano por México (eliminando lo de Amplio Opositor), integrando ya a Dante Delgado, y entonces se acumularon las dudas.

Antes de este fatídico martes, cuando parecía el retorno de la frivolidad política, tras semana y media de sufrimientos a causa de caprichos naturales (huracanes, sismo en Oaxaca y Chiapas; terremoto en la Ciudad de México, Puebla, Morelos y Edomex), alguien hizo la pregunta pendiente, el acertijo: ¿Si finalmente el “clamor” es no volver a ver al PRI en Los Pinos, aceptaría la Alianza a Andrés Manuel López Obrador?

Y entonces ardió Roma.

De entrada debemos hablar de emergencias por parte del PAN como de esa parte de la Izquierda confrontada sin aparente remedio. Como todos, claro, incluido el PRI y Morena, son grupos de poder, surgidos para buscar el poder y no descansar (bajo ninguna forma) hasta lograr el poder.

Si cualquiera de los dos bandos unidos en el frente (bueno, tres, démosle a MC el beneficio de la duda) tuvieran en sus manos la posibilidad, genuina y confortable, de ir al proceso electoral del 2018 por sí solos, en estos momentos estarían sacándose la lengua, las tripas y algo más.

Subsistir sin poder no es soportable para muchos entes políticos; si acaso para quienes sobrepasan el límite de la sobriedad y sudan energías etéreas.

Acción Nacional padece una división interna muy peligrosa para conformar una unidad victoriosa, principalmente por ese síndrome de soberbia aprendido a otros, pero mal manejado y aplicado. Lo vimos en el 2006 y 2012. No se requiere ni volver a contar la historia con nombres y apellidos, porque con la confrontación de hoy entre Ricardo Anaya y Margarita Zavala, basta. Tan solo referirse a ellos elimina a Rafael Moreno Valle.

En el otro polo las cosas no andan tan diferentes. Del PRD se desprendió la célula mayor (la de Andrés Manuel), pero sobreviven 15 más, algunas de ellas casi a punto de engrosar las filas de su ex compañero.

Y ahí está el detalle para las dos fuerzas políticas. Solos no les alcanza.

Con esa ecuación, deprimida, incompatible, el país se pone a tercios, y así, créanlo, el extra todavía lo conserva el PRI. Vaya, no ganará ni el Frente (al menos así como está conformado), ni la parte de la Izquierda del lado de López Obrador (Morena).

¿Quién será la diferencia?

Vencer al PRI va a requerir brincar de un bando a otro. Porque si alguno de ellos brinca al del PRI todo está resuelto.

El sueño de Andrés Manuel, de plano, es ahora o nunca. Pero el intento del PAN (por llegar otra vez a Los Pinos) como el del PRD (por vez primera) están en las mismas.

En todo esto, como se dijo por meses y meses, la llave está en lo ocurrido en el Estado de México, en junio pasado. Toda fuerza es correlativa, pero unas son más compatibles. Los extremos, cerca, en cualquier momento estallan.

Por su posición autoritaria no hay cabida para López Obrador en el Frente, dijo contundente Anaya. Para Barrales, todos son bienvenidos al proyecto, siempre y cuando quieran cambiar las cosas.

“Aquí no hay candidatos, precandidatos, no hay dados cargados, nadie lleva mano, se trata de integrantes que vamos a integrar un programa escuchando a la ciudadanía, en esas circunstancias bienvenidos todos”, dijo la dirigente perredista.

En tanto, Ricardo Anaya, presidente del Partido Acción Nacional (PAN) señaló que el Frente Ciudadano por México se formó para ser incluyente y propositivo.

Y Anaya replicó:

“Lo que en su caso (de Andrés Manuel) priva es más bien una obsesión personal por acceder al poder y por lo tanto -como él mismo lo ha dejado claro desde un principio- su posición autoritaria y personalista no tendría cabida en un ejercicio plural, democrático propositivo e incluyente como el que nosotros estamos construyendo”.

En esas, Barrales debe pensarlo bien. Sabe de lo sorpresivo y atrevido de su ex compañero de partido, quien, como Jalisco, si no gana, arrebata. El tabasqueño solo los requiere para ganar, después los botará, por no decir los desechará.

Pero también Anaya. Unirse al PRD pondría las aspiraciones del PAN en el hilo abrupto de la traición por parte del perredismo, acostumbrado a esas y otras atrocidades.

¿Y Margarita? Pues si hay tercios con el Frente, AMLO y el PRI, ya debe pensar a quien pedir posada. Sola, ni en el país de Nunca Jamás.

Finalmente el resultado será, no el de una familiarización forzada de genes políticos, sino el de la opción más conveniente para la ciudadanía, incluyendo la del solitario, el independiente.

O, desde ya, pensar en la reiterada propuesta beltroneana del Gobierno de Coalición, porque, tal vez ni lo pensamos, o no lo creemos, o no nos doblamos, o la solidaridad no congenia con una nueva forma de compartir el poder, pero tanta desgracia no nos da para más.

Por lo pronto, solo era aclarar el riesgo, comprobado bajo experimento, de mezclar químicos incompatibles: “Formación de producto sensible a fricción o choque”.

Dios nos guarde.