López Obrador se esconde cuando Monreal lo exhibe

Después de la bronca de Rigoberto Salgado por “El Ojos”… Moreno Valle, “el orejas”, Ricardo Monreal, “la boca” y Ricardo Anaya, “el dientes”… No es un dicho, pero queda bien: No es lo mismo espolvorear que morder el polvo.

La madriza es ya de otra dimensión. Tal como es, como nadie se había atrevido, el ex priísta, ex perredista, ex petista, ex movimientociudadanista y ¿ex morenista?, está calcando a su todavía jefe en su naturaleza, en su tinta. Ya ven “para que la cuña apriete…”.

No sé si Ricardo Monreal deba purificarse de algo, pero con el berrinche hecho por no ser el elegido de Andrés Manuel López Obrador para disputar el próximo año la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, y la amenaza de ser factor para frenar la llegada de Morena a la Presidencia de la República, ya debió haber atiborrado de azufre su alma, su espíritu y toda materia.

En lenguaje del tabasqueño, el zacatecano ya se “despurificó” o, cuando menos (no podría negarlo) ya se “manchó”.

Ricardo cometió el pecado de lanzarse a la yugular a Morena, es decir, a Andrés Manuel, por la inapelable decisión (“lo que dijo su dedito”) de Andrés Manuel para señalar a Claudia Sheinbaum como la segura candidata a la CDMX.

Con sus palabras, siempre sonoras, “declamativas”, Monreal abre la ostra. Exhibe a Morena y a Andrés Manuel por encima del aprieto derivado del caso Tláhuac, “El Ojos” y su delegado Rigoberto Salgado. Por encima del caso Eva Cadena.

Con su tercer lugar en la encuesta “democrática” para definir al contendiente capitalino de Morena, a Monreal no le quedó de otra, solo hablar clarito.

“No es una osadía ayudar a disminuir la opacidad y la parcialidad… No solo se trata de una encuesta, sino de democracia, equidad electoral, legitimidad política y ética personal”. ¿Hablarle en ese tono a López Obrador? ¿Pues quién se cree ese zacatecano?

Ricardo puede subir a la tribuna de la Cámara de Diputados y anunciar a todo pulmón “el primer muerto del sexenio a manos del Ejército Mexicano” sin verificar la veracidad de los hechos, para eso tiene la orden y los cojones.

Tiene el arrojo de instalarse en un hotel de Ecatepec y desde ahí “mapachear” desde el bolsillo en un proceso electoral como ocurrió en junio pasado, aun siendo Jefe Delegacional en la Ciudad de México.

Pero tiene también el derecho de exigir a Andrés Manuel su pago político a tanta fidelidad.

Y lo hizo. Ayer fue todavía más contundente.

“Sólo tengo un plan ‘A’, y ese es gobernar la Ciudad (de México). ¿Sólo por Morena? No, ser candidato a Jefe de Gobierno”, dijo al periódico Reforma.

“Hasta este momento, sólo es con Morena, pero no está cerrado, no lo he decidido. Estoy en este momento agotando el expediente en Morena a ver si logramos mantenernos en Morena”.
Tambaleante, pero Monreal no es Martí Batres, ni Mario Delgado. Monreal no es Marcelo Ebrard, ni Cuauhtémoc Cárdenas como para callar ante demasiada leperada disfrazada de democracia.

Hasta ayer Ricardo se resistía a nombrar directamente a Andrés Manuel como el verdadero marrullero de todo cuanto ocurre en lo oscurito en Morena en donde solo sus chicharrones truenan.

Ante su socio político en los últimos años, al zacatecano no creemos le sude la frente para señalarlo por su nombre, seguramente por táctica, para sopear, medirle el agua a los camotes, solo se refiere a la Comisión Política, a la Comisión Nacional de Elecciones y el Comité de Encuestas de Morena.

Y como suele ocurrir, Andrés Manuel ni pío dice. Mientras en la Ciudad de México se le quema la casa, él ya predica su Presidencia, presenta libros, agenda viajes a centro y Sudamérica, a Norteamérica. Lo hizo cuando le explotó el asuntito de Tláhuac.

López Obrador puede presumir su largo camino traducido en experiencia para, ahora sí, como suele decirlo, la tercera es la vencida. Sin embargo, también, suele descuidar mucho su retaguardia. Ese largo camino no necesariamente se convierte en alfombra roja. La gente, la misma con quien ha repetido una y otra vez el discurso de hace década y media podría ya no ser tan sumisa. Mentir cansa, pero mentir mucho, cansa mucho. Además como sus contendientes, es comparado con personajes externos, con la suerte de otros países.

En realidad la batalla por el 2018 apenas inicia, y tal vez ni eso. Y es ahí donde luego Andrés Manuel comienza a sentir no lo duro sino lo tupido.

Por lo pronto, Monreal, de su propia caballada, de su propio templo, acaba de darle una sopa de su propio chocolate.

Ricardo tiene en sus manos una bomba. Sería demasiado despiadado tronársela a López Obrador.

OSORIO ADVIERTE: ‘NO A LA GUERRA ENTRE PARTIDOS’

El Secretario de Gobernación tiene razón. Ayer el país parecía, políticamente, una olla de grillos enfrascados en batallas en distintos frentes.

Eso, dijo Miguel Ángel Osorio, a nadie conviene. Y no conviene termine como termine el sexenio, y empiece como empiece el otro.

Pero ayer así estaban las cosas: Después de la bronca de Rigoberto Salgado por “El Ojos” en Tláhuac, al Gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, bien le vendría el mote de “el orejas”, por aquello de andar grabando a medio mundo, como lo asegura Miguel Barbosa.

De Ricardo Monreal ya no hablamos más, pero también le quedaría como anillo al dedo el alias de “la boca”; a Ricardo Anaya, inventando guerras con el PRI, “el dientes”; muerde, pero no le gusta ser mordido. Porque no es un dicho, pero queda bien: No es lo mismo espolvorear que morder el polvo.

Esto último, lo de morder el polvo, no es tan cierto para todos los involucrados en las batallas aun en ciernes. Eso solía ocurrir antaño, en épocas de cruzadas, “cuando el vencido estaba herido de muerte y convencido de que esos eran sus últimos instantes de vida”.

Es temprano, nadie ha caído, no al menos tan bruscamente. Ya los habrá.

Pero, sin duda, el día, y si se descuidan hasta el año, se lo lleva Monreal, quien como buen campeador al servicio de su rey, también podría ser merecedor de aquella alabanza: “Dios, que buen vasallo, si tuviese un buen señor”.