El PRI engaña
con la verdad

Convento de Arrabal
Escrito por: El Parroquiano

“Clodio es un hombre incrédulo y desconfía de mí. Juzgará falso todo lo que le diga y, sin embargo, voy a engañarlo. ¿Cómo? Le contaré la verdad, y como no cree lo que yo digo, se engañará”.— Juan Caramuel

Ante una elección de tanta importancia y tantos enigmas como la del 2018, cualquier partido, o todos, llevan su proceso de la manera más conveniente.

Y esto implica muchas cosas. Despistar al enemigo, convencer a los militantes, atraer a la ciudadanía.

Pero ante todo y ante el mundo parecer democráticos.

A todos los partidos les apura algo. No solo al PRI, no solo al PAN, no solo al PRD, no solo a Morena.

En el sentido estricto de democracia, el único sin garantía de ello es el de Morena. No es joder, es la estrategia personal a la vista de todos -hasta de sus propios militantes y simpatizantes, engañados como en un trance de hipnotismo-, única, infranqueable de Andrés Manuel López Obrador. En Morena no hay de otra, o es él o es él.

Pero vamos a hacer hincapié solo en el PRI porque desde hace semanas trae un avispero sin tregua en realidad no tanto por cómo elegir a su candidato al 2018, es decir, quien deba buscar sustituir a Enrique Peña Nieto; tampoco por aparentar ser el más demócrata, ¿para qué demostrar eso si el resto no lo son?. Ya lo dijimos, Morena ni buscarle, es el más antidemocrático, el que se mueve “estalinísticamente”. El PAN le sigue con las imposiciones desde la persona de Ricardo Anaya; el PRD con las escaramuzas de sus más de 15 “tribus” arañando las decisiones unilaterales de Alejandra Barrales.

Tampoco el PRI define un programa para preguntarse para qué quieren volver a gobernar o seguir ostentando el poder.

Porque habla de candados, de no candados, de “ni candados viejos, ni candados nuevos”.

Revolotean alrededor de él supuestos inconformes y disidentes; anuncia mesas de debate.

Para redondear todo un escaparate en camino a la ya casi innombrable 22 Asamblea Nacional, se mueven intermitentemente dos polos. Uno, quien debe hacerlo porque es la punta (y porque también ve al futuro), es decir, el presidente nacional del partido, Enrique Ochoa Reza.

Y otro, Arturo Zamora, que en realidad revivió a uno de los tres sectores del PRI, el popular (CNOP).

Al PRI parecen acorralarlo algunos detalles no contemplados no solo como partido, sino como gobierno. Pero solo parecen.

Vaya, trabajan sobre un escenario que no previeron, pero que en el fondo no cambia drásticamente la estrategia que les valió ostentar la Presidencia de la República por siete décadas, perderla y volverla a recuperar.

A saber, el cambio de actitud de la oposición cuando la tenían en sus manos con la hechura de un “Pacto por México”; el traste que dieron un puñado de gobernadores “de la última era” a las buenas intenciones del retorno priísta después de 12 años de panismo; las inusitadas y desairadas derrotas en elecciones locales del 2015, 16 y 17; la mecánica de la oposición, no enfrentada con sapiencia, de echar la culpa hasta de la lluvia “atípica” al PRI-gobierno.

Pero el PRI, en el afán intrínseco de su propia naturaleza, engaña con la verdad.

Ni modificando todos sus estatutos, ni volviendo a reinventarse (pues no lo hizo en forma contundente después de 1994 con el crimen de Luis Donaldo Colosio, ni después del 2000 con la patada recibida del PAN), harán de sus procesos de selección a un lado al verdadero líder del partido.

El sello más meritorio de que el PRI transitaría por el camino de los tres mosqueteros, o cuantos sean (uno para todos, y todos para uno), fue la supresión de “la sana distancia” por el de “la sana cercanía” entre partido y gobierno desde el inicio de la era peñista.

Nada de lo que ocurre en el PRI puede y se ve más dramático, ni muchos menos traumático que lo que ocurre en otros partidos.

A lo que algunos han llamado “disidencia” priísta, digamos Ivonne Ortega, Ulises Ruiz, Héctor Yunes Landa, José Ramón Martell, César Augusto Santiago, otros han preferido, de plano, llamarle “algunos priístas inconformes”. Porque, ciertamente, como nos lo dijo alguna vez Zamora “en el PRI no hay disidencia”.

Estos priístas y algunos seguidores en papel conforman algunos de los grupos “Alianza Generacional”, “Hazlo por México”, “Nueva Corriente Democrática”, “Alternativa” y “Democracia Interna”, cuya aparición es más espontánea que un loco echado al ruedo.

El asunto de los candados es en realidad un juego de manos, bueno dejémoslo en juego de cartas, para quitarle aquello de manos-villanos.

El acertijo (¿la farsa, la treta, la idea?) de decir que una cláusula escrita de una u otra forma solo beneficia o perjudica a dos o a seis, es un insulto no tanto a la inteligencia, sino a la simple deducción.

Algunos, como los ha habido que siguen casi alienadamente el “juego” tricolor, encajonan en un lado a José Antonio Meade y en otro a Aurelio Nuño, o al resto con quien sabe qué o cuántos candados o no candados, convierten la estrategia en un molde. “Para ellos y nadie más”, es decir, salvan el “piso parejo” que parece la gran espada con que los “inconformes” tienen a Ochoa contra la pared, pero olvidan que si la cláusula se amolda a un Meade o a un Nuño, su talla no es exclusiva. ¿Cuál es el mérito de Meade o cuál el de Nuño, vaya cuál su proeza?

En una cláusula con candado o sin candado, semi-abierto o semi-cerrado, cabe una producción en serie interminable de aspirantes, simpatizantes o no, ciudadanos o no, militantes o no, si a la talla o los méritos de quienes mencionamos nos atenemos.

Pero ese no es el asunto. Ese no es el punto. Al candidato priísta para el 2018 lo va a palomear Enrique Peña Nieto y solo a él tiene que llenarle el ojo, porque en la pirámide estructural priísta él está parado en la atalaya del partido.

Y esto no significa que las mesas de debate, que inician hoy, no sirvan para nada. Claro que sirven porque llevan ya, como dijera Gustavo Madero, el ADN del real Jefe del partido.

Y no necesariamente esto se traduce en nombre, sino en perfil. No es “dedazo”, es encontrar lo idóneo. Se traduce a un tipo específico de hombre o mujer que requiera el partido para competir dadas las circunstancias “no previstas”, quizá en un vuelco a su propia institucionalidad.

Si las características (el perfil, la cláusula) embonan en un nombre no significa que tenga derechos reservados. El abanico se abre, pues, más allá de los ya ungidos para cualquier estilo de perfil.

Ayer se reveló el acuerdo al que llegaron 10 de los 15 gobernadores priístas actuales y Ochoa Reza, después de una maratónica reunión que concluyó por la madrugada: Retirar candados a estatutos del partido, lo que abriría la posibilidad de elegir a un no militante como candidato a la elección presidencial del 2018. Un candidato “simpatizante”.

Por eso el PRI engaña con la verdad. Porque todo está claro.

No es tampoco como opinó Marko Cortés, coordinador de la bancada del PAN en la Cámara de Diputados, “farsa, burla y teatro”. Ni el PAN, ni el PRD, ni mucho menos Morena, hacen esa “farsa, burla y teatro”.

Modificar una o varias cláusulas no es nada de eso. Es buscar un perfil (no anclado en una sola persona, eso sí), claro, definido, platicado, discutido, por quien todo lo ve desde arriba o desde su propia visión.

Entre tantas cosas que ha dicho en las últimas semanas, Ochoa Reza contestó así a una pregunta del periódico español El País:

“El Presidente va a tener una función central en quién será nuestro candidato.

“(Pero) el Presidente no será el único que tome esta resolución. La militancia participará en la elección”.

En todo lo hecho y dicho por el PRI en cuanto a cómo resolverá su galimatías rumbo al 18 no hay nada del otro mundo.

Algo sí es cierto, tanto aspaviento asusta a la oposición.

¿Por qué el PRI no podría usar medio dedo o el dedo completo para elegir a su candidato, si el resto no usa hasta los dos pies?

Más bien quisieran ver en qué mano trae el PRI la bolita. Ver cómo la mueve. Porque para el 2018, el tricolor todavía puede mover el tapete.

Y no hay truco, son movimientos de tahúr. Engañar con la verdad.

Dijo el mismo Caramuel: “Engañe siempre el gusto, y donde vea que se deja entender alguna cosa, dé muy lejos de aquello que promete”.

Convento1959@hotmail.com