Obama sí sabe: Los extremos políticos, caducos y en desuso

Convento de Arrabal
Escrito por: El Parroquiano

‘A menudo, en el pasado, había una división entre Izquierda y Derecha, entre capitalismo y comunismo, o socialismo; ese fue el debate durante años’, explica, en Argentina, a jóvenes. ‘Creo que, para su generación, deben ver qué es lo que funciona aquí o allá. No importa si cae en la categoría socialista o capitalista; simplemente, si funciona, tómenlo’

No es por recargársela, pero el carnal éste de quinto o SEXTOPATIO anda en buena sintonía con el Preciso de los United States, recién recibido, por cierto, en el país símbolo de las luchas contra el Capitalismo durante varias décadas. Con grandes méritos, reconocidos, pero con grandes fallas, poco reconocidas, éstas, por ellos mismos, pero en camino de enmendar.

¿Y por qué tal sintonía?

Bueno, pues porque el primer Presidente negro de Estados Unidos -lo cual también es un elemento histórico del Siglo XXI, y de la nueva concepción de la política y la democracia mundial- fue, ayer, más que directo ante jóvenes de Argentina, país que visita luego de su estadía en La Habana: “A menudo, en el pasado, había una división entre Izquierda y Derecha, entre capitalismo y comunismo, o socialismo; ese fue el debate durante años, pero yo creo que, para su generación, deben ver qué es lo que funciona aquí o allá. No importa si cae en la categoría socialista o capitalista; simplemente, si funciona, tómenlo”.

Y el vecino del “sexto piso” ha insistido en las viejas formas políticas a las que muchos se aferran, ser de izquierda o ser de derecha. A los primeros, ha dicho, encanta pregonarlo como si eso los convirtiera, automáticamente, en elegidos de algún dios o sabios, y dueños de la palabra. A los segundos se les nota.

En la Usina del Arte, en Buenos Aires, Obama pidió a los jóvenes, en donde también había estadounidenses, “ser más prácticos” en sus decisiones y pensamientos.

Una explicación más clara y oportuna a los pensamientos extremos que hoy persisten, y contra aquellos que se resisten a ver el mundo de una forma menos personal y egoísta, no pudo darse.

En su artículo anterior (“El Descontinuado Apotegma de ser de Izquierda o Derecha”), Roberto Cruz, a propósito de las calamidades de los brasileños Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva; el venezolano Nicolás Maduro; el neoyorquino Donald Trump; el boliviano Evo Morales; en su tiempo los españoles Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar o Mariano Rajoy, y uno que otro mexicano, comentaba:

“Las posturas políticas para ganarse a la ciudadanía con el hígado, la mentira o la amenaza caen en desuso.

“Las izquierdas perdieron el dogma después de la caída del Muro de Berlín, de la Perestroika rusa.

“Perdieron el dogma y el rumbo. Vaya, en el Siglo XXI, los extremos salen sobrando. No funcionan los intentos de vociferación a ultranza”.

La propia Historia nos ha demostrado el destino final de las monarquías, antaño el poder absoluto sin ideas. Hoy son ornato y materia prima de revistas de clubes sociales, del corazón y de frivolidad. Algunas en líos judiciales, de “affaire” y hasta de depredación ambiental.

Obama no se equivoca. Romper el hielo con Cuba, como no lo hicieron sus antecesores, lo pone en el calendario de lo inolvidable. El paso que dio fue el perfecto. Raúl Castro no fue a Estados Unidos; Barack fue a Cuba.

Quizá sin la estigmatización que los propios miembros de cada bando han empujado hacia sus ideologías, hay muchos momentos para destacarse; parabienes, ideas transformadoras. Hasta que surge, precisamente, lo que los convierte en extremos.

A menudo hemos escuchado a un montón de gente pregonar no ser “ni de aquí ni de allá” y autoproclamarse “librepensadores”. Ese es el tercer extremo. El de la hipocresía, salvo cuando se respalda con actitudes a simple vista, y en actitudes de tolerancia.

El enunciado (“librepensador”) suele utilizarse, las más de las veces, para esconder algo peor que ser de izquierda o derecha, como simple patanería.

Si este pedazo de universo ha sobrevivido millones de años, y se ha transformado, es gracias a las rupturas de pensamientos que han permitido cambios históricos.

Muchos nombres y hombres han contribuido a ello desde muchos ámbitos; científicos, políticos, artísticos, sociales.

No sé de tantos. Recuerdo sólo las aportaciones difíciles, en lo crítico, de Betrand Russell, Ernesto Sábato, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, quienes sin ser netamente filósofos, algo más el primero, confrontaron los errores y excesos de pensamientos que pretendían ser nobles.

Muchos más, cientos, han confrontado las ideas.

Poco a poco, el mundo se encamina a derroteros inimaginables.

¿Por qué los extremos son caducos y, como dijo Obama, pasados de moda? Porque, incluso, fueron ya rebasados por algo más letal.

Lo acabamos de ver en Bruselas, como antes en París, Boston, Nueva York y tantas otras partes.

Hoy, los roles de las naciones y sus instituciones, comenzando por sus Poderes, son otros. Si son condenables los mortales y dementes extremos del Estado Islámico, como lo fue el de Al Qaeda, ¿por qué no frenar otros intentos tal vez menos diabólicos, pero igual de impertinentes, cuya única justificación es la alocada idea de tener el poder por mero capricho?

“El poder es cabrón”, escribió Cruz. “Es un machete de varios filos. Más de dos. A veces, como una espada embrujada, se lanza contra quien la posee sin importar ideología o mitos tras de sí”.

Como Cuba, más de medio siglo después, Colombia busca, ahora, remendar un reguero inútil de sangre. ¿Qué ganó Colombia; quién ganó?

Cuba es un ejemplo sui géneris. El fin de su sacrificio iba en serio, pero nada sobrevive utilizando las mismas tácticas extremas de sus oponentes, de sus extremas ideas.

En resumen, expresó el de SEXTOPATIO, “¿cuál es el sentido estricto de ser de Izquierda o Derecha, se presuma o no? ¿Existe alguna bondad o maldad en uno u otro lado? ¿O ambas en ambos?

De esta opinión sobre extremos habría que hacer a un lado a quienes en la sangre traen la impertinencia. Su caso es patología.

“De los dos extremos, el más orgulloso de serlo es la izquierda. A sus miembros les encanta decirlo, propagarlo.

“Los de derecha, simplemente, lo son. No lo dicen ni lo propagan; lo actúan. Tienen un signo delator. Ciertas características de sus actitudes los ventanean, los vuelve obvios”.

“Aunque existan toda la eternidad, los extremos, hoy en día, estorban. Algunos causan risa; otros lástima”.

No, lo de ayer, dicho por Obama en Argentina, no fue un tango.

Convento1959@hotmail.com