Libro inédito de poemas “La Lluvia es el Llanto de los Tristes”.

EL OTRO DILUVIO

“Aquel día fueron rotas todas las fuentes,
y las cataratas del cielo se abrieron,
y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”.

Semilla ha de ser
esta tormenta
fruto del dolor.

Crimen o castigo:
el agua es bautismo,
la tierra camposanto,
la carne, rictus de las lágrimas.

Alguien, en el aforo de la piedra
vivió para contarlo.
En su nombre está escrito
el delirio o el martirio de los ojos.

La alabanza, dicen,
pernocta en Qumram;
la penitencia
en el sepulcro del Ararat.

Mientras tanto,
otro diluvio, el de los tristes,
acecha las ciudades.

LOS VEINTE MISTERIOS

Y entonces, preguntaba:
¿por qué lloverá
tanto en la ciudad?

Porque los muertos
están vivos,
dijo aquella mujer
rompiendo en olas el día
con sus ojos cargados de brisa,
con su cabello en nimbos,
bandera que ondea
copulando con el viento.

Es que los muertos
están vivos,
dijo aquella mujer
que reza un rosario,
que palpa las cuentas de un rosario,
entre las velas
encendidas de agua.

LA TEORÍA DE TALES

“-Dicen que la lluvia son las lágrimas de Dios”

¿Polvo eres y en agua te convertirás?
Tales (de Mileto) tuvo razón,
el agua es la vida.
Claro, siempre y cuando
alguien llore, muera,
y sus lágrimas vayan al mar.

EL DOLOR QUE NADIE VE

A veces es necesario
mantener el silencio en la garganta
para que tristes gritos
no salgan a la calle.

Usted que ha visto mis ojos
con la humedad de todos los días,
que sabe del tamaño de mi risa
y su color necesario, créalo:

El llanto en mí se filtra,
la carne se me cae por dentro.

LA VENGANZA DE NOÉ

Y mientras la ciudad
se sumerge, anegada,
las arcas, en el parabrisas,
sólo avisan: “Ocupada”.

VOLVER AL REINO

He de ver mi brasa cansada,
mis ojos como viejos abanicos.

He de sentir en mi carne
la cercanía de esa gran sombra
que como turba viene
a cobijar mi llama.

Ya no me lastimes con tu tacto,
retira de mis ámpulas tu amor,
sopla, sopla, apágame,
dime adiós con el polvo de tu boca
y déjame volver a la tierra.

MAYO

Dicen que mayo
es el nido en donde las nubes
tienen a sus hijos de agua.

Que mayo alumbra sus noches
con el vaivén de las luciérnagas.

Yo sólo creo
que mayo es tu cuerpo
hinchado de humedad,
temporal que alguien aguarda.

HOMBRE DE CIUDAD

En el último estertor
de la pesadilla salvé mi vida.

La luz de la ventana me retrata,
deshace el sueño.

Exhalo en el espejo todos mis rostros,
las máscaras con las que yo seré ustedes.

Bebo café, invento noticias:
que hoy ejecutaron al ejecutor
y los 50 mil cuerpos pegados al asfalto
son apenas la ignominia de cualquier guerra.

Anudo mi corbata
y parto envuelto para regalo.
Regresaré, en casa
ella me espera.

De noche otra vez moriremos.

AGUA VIVA

Duermes, pero aun así tus ojos me miran,
con ellos enciendes la luz con que me guío
para trepar al sueño y ponerte
huesos, boca, párpados, sonrisa.

Dormida despiertas la ciudad que habito,
enciendes motores, abres fábricas,
desnudas huertos sobre los mercados,
devuelves la ruta a pájaros extraviados.

Lejana me acercas tus palabras,
una legión de oropéndolas vacían tu garganta,
salen de su tibio nido: platican,
cantan, caminan, reposan en mi oído.

La noche es tu nombre en traje de fiesta,
el asta que escalo para alcanzar
tu cabello entre relámpagos
y ver nacer el mar en medio de tu cuerpo.

EL 911

Sobrevivo en tu pulso,
con tu sangre y tus latidos recorriendo
los últimos milímetros de mi aorta
como el órgano más vital;
cruzo calles, adivino semáforos:
tú, desde un aparador,
me lanzas las dagas de tus ojos;
das en el blanco, duele el recuerdo,
la memoria toma una fotografía,
caminas junto a mí, abrazo a alguien.
¿Cómo puedo andar con dos corazones?

CULPABLE

Eres mi sed mi fiebre– Georges Bataille

No te ausentes
porque entonces la lluvia es el torrente herido de los ríos.

No te ausentes
porque la ciudad (Pulvis eris et in pulverum reverteris) se vuelve piedra, desierto.

No te ausentes
porque la piel que llevo me descobija.

No te ausentes
porque me ahogo con el llanto que me inunda.

No te ausentes
porque el sueño se convierte en abismo sin regreso.

No te ausentes
para que las manos sigan siendo la corteza del arado.

No te ausentes
para prescindir de la brújula y celebrar la ruta.

No te ausentes
para que todo cuanto por ti habla no enmudezca.

No te ausentes
porque entonces a quién culparán de otro diluvio.

MEMORIA DEL CISNE

Atraco donde
sorprende la tormenta
y sacude la memoria
en nombre tuyo.

Donde la luz de una mujer,
cualquiera de aquellas
ya tatuadas,
quita en su hogar
mis extravíos.

Y llego a ti;
inconfundiblemente
un cisne nada en el lago de tu boca.

Y te venero para el hambre
como un pez dulce,
de río, que moja de amor
al que lo besa.

LO QUE AQUÍ ES TORMENTA

SEÑAL DE VIDA
(POÉTICA)

El tumor salía a la calle
y dolía en el cuerpo
de aquél que osaba mirarme;
yo entonces ocultaba mis manos.

Contenida en la impaciencia
la sangre reclamaba su turno,
su hoja en blanco
para derramarse en tinta.

La fiebre, iracunda, invadía la casa
y las palabras goteaban por mis ojos
vaciando su tormenta en el silencio.

No había más que rebelarse al insomnio,
adiestrar el grito, beber su pócima,
y esperar a que en la mesa apareciera el poema.

ME DUELES COMO UNA ENFERMEDAD

Aunque no te vea, sé que estás aquí,
que tu cuerpo justifica la tarde.
José Francisco Conde Ortega

La furia de los pájaros
desmadeja la ciudad,
coloca los relámpagos precisos
para una lluvia
y desata un mar de lágrimas azules.

Aquí estamos,
mordiendo el deseo como fruta.
Hace frío, los niños
en su armadura de sueños
zarpan veleros de futuro;
los adoquines rojos, polvorientos,
se pierden en el agua.

Llueve.
Tu lejana sonrisa
ignora a los ebrios
que tienen el cuerpo
desbordado de alcohol.

Confundido entre los gritos
de piratas anónimos
me vences como una enfermedad
y lavas con tu ausencia
la ciudad.

ENEMIGA A MI PRESENCIA

Si te imagino, no cabes en mí.
Bastaría un muslo tuyo
para asfixiarme.

Una de tus costillas
cavaría mi fosa,
traspasaría mis manos, mis rodillas
y mis pies, crucificándome.

Para qué existes retirada,
enemiga a mi presencia.

No puedo imaginarte
expuesta a la vena incandescente
de los hombres
royendo tu falda, descobijándote,
dando de comer
a su muertadehambre lujuria.

Si te imagino no cabes en mí,
el sólo olor de tu esfínter
apagaría la vida.

COMO EL QUE NO HA NACIDO

Yo era aquel,
el que siempre cargaba con un beso
para darle de comer al ave que habitaba en tu mejilla.

Yo era aquel,
el carpintero que alzó una escalera hasta tu frente
y la alcanzó para labrarla
con el instrumento de sus labios.

Yo era aquel,
el río que se formó en tu cuerpo
cuando empezaron a caer nuestras primeras lágrimas.

Yo era aquel,
el niño travieso que resbaló por tu nariz,
se acomodó al temblor de tus labios
y ahí está, arrullado, amamantado,
como el que no ha nacido.

Yo era aquel.

COMO LA LENGUA DE UNA ESPADA

Hoy la veo
devorando la casa,
flor reventando,
hurgando mi sombra
con sus uñas.

Es enorme y clara
y arrastra sus cabellos no sé dónde,
y canta, bebe, mira y duerme.

Pisa su falda
rompe mis huesos, cura mis labios.
Horrible y mortal
esparce su cera por paredes y cortinas,
sosega el olvido.

Instantánea,
como la lengua de una espada,
así la veo.

LA CARNE QUE HABITAS

Hermosa cruzarás mi derrotado himno
y no podré invocarte, no podré…
Alí Chumacero

El pecho en que habitas,
mi carne,
tu sangre adentro de mi sangre.
Ese dolor, tumor que me hace obeso.

La carne en que habitas,
ese pecho, otro país, tu hogar,
lugar en donde tú, si estabas,
sembrabas luz, hacías el día,
agua vaciabas en mi sed.

Lugar en donde tú, si no estabas,
creabas la noche, tormentas de silencio,
ganabas para el mal mi soledad.

DONDE TAMBIÉN RESIDES

Aquí
la humedad es otra piel
que nos despierta temprano
para recorrer las calles.

Los aviones
se apresuran a besar la tierra
y entre la niebla
sus destellos son ojos de lince
que vigila.

Aquí
hombres y mujeres desdoblan las esquinas,
transeúntes fugaces que no existen
en este lugar donde también resides
y llegas a mostrarte inquieta,
pavorosamente encendida de tu risa.

EN EL LUGAR COMÚN DE TU PRESENCIA

Ahora tienes para ti (para usted)
esta casa.

Mujer, pájaro hembra,
señora dueña de la nostalgia.

Tacón alto, pantalón azul,
es la niña que ya no es.

Su mármol de aliento
llena cada habitación
como un mudo reclamo
que de tanto silencio quiere gritar.

Va, acaricia a los hijos
que una vez la muerte le heredó,
conduce su auto,
bebe coñac.

A veces el ruido es su silencio,
el rin del teléfono
desde donde alguien siempre la ama.

LO QUE AQUÍ ES TORMENTA

A mis oídos cantan
todos los lamentos.

A mi boca
todo cuanto llega es alimento.

Mientras duermes,
un ruido entre la nada nocturna
transforma en besos
el sol luz de las luciérnagas.

Estás tendida frente al mar,
¿escuchas su delirio?

Un barco no sólo vence el frío,
canta, tararea su musculatura de acero,
lanza su sinfonía,
derrama maremotos de recuerdos.

El choque de rostros se ensancha
y aquello que apenas sí oímos
aquí es tormenta.

Ganas por vez primera:
Aquí están mis ojos.

Toma mi boca
a la que todo cuanto llega es alimento.

TIFÓN DE ESPEJOS

LA CASA FRENTE AL PARQUE DE LAS FLORES
(FRAGMENTO)

Vine aquí para callarme
para que no me toque el día y sus punzadas.

Vine aquí y no te vi,
tú me viste, estrella de día,
resplandeciente en su mortuosidad.

Tu mirada partía lo que tocaba,
arrancaba gajos de tierra.

Qué arma punzante y filosa
podría herir con tanta profundidad:
cuencos de misterio, tristeza con alas,
párpados echados a vuelo.

Tu rostro es un sol apagado,
el añico último de una cruel batalla,
fealdad que eriza el gesto de los niños,
rompe los espejos
como otra dimensión del miedo.

Por qué no cantas siquiera a la muerte.
Por qué no ríes, máscara del diente y la lengua.
Si tú gritaras tendría la ciudad
aguaceros terribles, nubes rotas.

Pero si tú silbaras, fueras joven, dura de carne,
alta, altísima de labios y de sienes,
y una orgía de musicalidad
reuniría la tierra con el cielo,
guitarras y violines poblarían tu sueño
y entonces nunca los canarios
morirían al pie de tu ventana.

COMPARSA PARA UN BESO

De golpe diciembre se nos vino
con su beso de hielo y su tatuaje de alcohol.

Entre la obscuridad y la llovizna
los villanos asaltan: arrancan a los niños
sus besos de leche,
roban a las mujeres el beso de sus pechos
y a los hombres, como animales de néctar,
les suturan los labios.

La metrópoli se arropa en abandono,
estrena un tren que se arrastra
por las venas de la tierra:
pita, gime, ladra, se traga la luz, vomita negritud,
chirrían sus patas y extiende sus brazos
para desposar a la incrédula que lanza besos al aire.

El beso rueda, anda de calle en calle,
en prostíbulos, en conventos, en iglesias,
en la mano del gobernador, en la peste del muerto,
en sus dolientes.
El beso huele, sube a camiones,
pedalea bicicletas, se desliza en patineta,
inicia el orgasmo en las banquetas, en los postes,
en las sábanas.

El beso no se da, tal vez se escribe, se esculpe,
vacía su látex en la carne: árbol en el cutis.

En la arena de las lenguas las iguanas aovan,
una naturaleza prohibida brota,
mientras la carne se teje en borbotones de lava.

La noche es el alimento del beso,
su fruta, jarabe que lo nutre.

Besar, entonces, es morir y reencarnar en llama,
vencer la roca apretujada,
exhibirse ardiente para los ojos del mundo.

Aquí estamos besando la tierra,
el suelo que cobijará nuestros pecados.

Un beso es la vida o la muerte,
la risa lanzada como un harakiri
desde el estertor de Mishima.

Un beso es el sol contra la tierra,
el puñetazo de tres guerras mundiales,
es, en su chasquido, un abrazo de océanos,
una ballena y un submarino reinventando el coito.

Un beso es lo que esta ciudad no tiene.

De golpe la nostalgia nos tumba, nos agrede;
dormimos a la espera de un beso
que no está, que no existe.

La memoria de un hombre está en sus besos.– Vicente Aleixandre

A/MAR

A don Efra H.

Al mar móntale, tuércele el cuello,
bésale las nalgas,
¡eah!, que te lleve a esculpir ron
en la capacidad ebria de una quimera.

Vuela en sus espumosos brazos,
date a querer húmedamente,
viaja,
recorre a la velocidad del horizonte:
que eróticos moluscos
puedan amarte, sacarte todo el semen,
escurrirte de sueños,
dejarte vacío, tímido enano de placer.

Al mar grítale, rómpele el tímpano,
múerdele las crines,
relámpago tiovivo, amante de alcatraces
y gaviotas que copulan en el viento.

Al mar entrégate sin tutela,
como roca anclada agriétate en su bíceps,
ve a los ojos de África,
a las quijadas de América.

Desaparece la tierra,
vive el mar,
sé mar;
al mar ámalo,
fornícalo.

PALABRAS QUE UN DÍA AMANECIERON
(PRELUDIO PARA UNA AUSENCIA)

A Efraín Huerta

Igual que siempre
las mariposas eran bestias de ternura
y como ellas usurpábamos la risa
y conteníamos la última llamada del dolor,
hasta que hiciste nuestro
el movimiento extinto de tus órganos.

Para qué nubes descienden a la pupila
y al iris de los ojos,
para qué lánguidos sermones
si nada cabe en el hueco
de tu inefable ausencia.

Déjenlo abrazarse a su destello,
déjenlo besar olmos, derribar colinas,
mecerse en las alas de su paloma vengadora.

Quítense que risas vienen
a cumplir un poema amplio,
a levantarlo por encima de la muerte.
Compatriota liberador del sueño,
ex convicto de una generación gravemente leída,
vencedor de drásticos asuntos,
implacable, sediento, astuto o temerario,
animador de faldas amorosas,
creador de muslos metafóricos,
hacedor de ebrios besos,
escultor exacto de mujeres reales,
déjanos entrar por tu boca
y estremecernos con el alba de tu paz.

Hombre necio de alegría,
hechicero de abrazos,
cuántos cocodrilos vigilan tus manos,
cuántos cocodrilos se carcajean
de tu pálido gesto,
cuántos enamoran gaviotas de mares iracundos,
cuántos visten avestruces, peinan marías,
cuántos se beben tu jerez
y contemplan el músculo sexual de tus poemas.

Ven y llama tus danzantes palabras
e inventa el viento más cortés
y toma de la mano a tu muchacha
y apriétala a tu pecho hasta amarla.

Ah, canto de marinero citadino,
he ahí tu ciudad,
tu lágrima vaciada en niños
navegando como pompas solitarias,
como mínimos poemas;
he ahí tu calle,
tu tiempo,
tu carruaje,
tu respiración pausada
entre viejos dinosaurios de concreto.

Ahora te emigras
y nos muestras tu otra geografía,
te desnudas de aliento
y no importa
porque al ruido de tu serenidad
las flores han depuesto sus pétalos
para besarte las sienes en guirnaldas
y mostrarte sus verdaderas armas
y permanecer quiméricas,
coléricas,
escépticas,
solidarias,
al pie de tu utópica extinción.

EL GATO

Negro.

Entre abrir y cerrar
la vida se sale por sus ojos.

El espacio obscuro
admite las tajantes heridas:
relámpago de seda,
atlas vertiginoso.

Perseguido por su sombra,
íntima centinela,
desvanece su esfinge
en las paredes.

Pirata del silencio,
andante de la noche,
golpea la Luna
el ápice de sus orejas.

Espectro solitario,
verdugo de minúsculas víctimas:

Hoy la Luna
extraña el vértice cercano
y un perro
transita otras calles.

NI LUZ, NI SOMBRA, NI PERRO QUE ME LADRE

El dardo que viene:
mis costillas para la espada,
mis ámpulas para la brasa,
mi carne para el bisturí.

Soy de ustedes, tormentas:
el hampa soy yo.

Como un costal sin fondo
me reconforto en el dolor,
exhibo mi herida como fuego olímpico.

Soy el alfil de un Dios
que mata a sus socios,
soy semilla, gusano,
criminal reincidente, asaltante,
me río de ustedes los enfermos.

Esto donde guardo mis palabras
no es un libro,
es un estuche donde habitan
el dardo, la espada, el bisturí.

No quiero luz ni sombra
ni perro que me ladre.

TIFÓN DE ESPEJOS

Temprano amanecen los ojos del navegante.

Aleteos.

Marejadas.

Un tifón de espejos ha confundido la memoria.

Apenas amanece,
han robado el crepúsculo.

América es un abismo.

CONTRACCIÓN DIURNA

Un gallo
es una garganta extirpada
recorriendo el mundo.

La bocacalle de un grito
rompiendo la noche.

CONTRAGIRO

Y así era el pan:
una mentira
para el que comió su muerte.

EL SOL Y SU INCENDIO

DEDICATORIA

es violeta el sol y su incendio
y la ceniza de su tiempo es violeta

toda mi carne es/
violeta
/es el dolor como lo es la noche
y sus rincones de sorpresas y peligros
como el día y sus ventanas
que levantan risa y llanto

es el agua
que lava el suelo
que alimenta la hierba
que cría libélulas
que liban el amor de las corolas

es el monte de venus
encendido en la cima del grito
boca de guitarra
preludio de canarios
es el cántaro donde sale el pez que habita el mar
es la lágrima donde nace la sal que habita el mar

/violeta/

es la casa y sus muros
y las fotografías en los muros
es la mañana la maraña
la ermitaña
el hombre el hambre
la hembra

ROMPEOLAS

I
Campanas a vuelo en el encanto.

Ojos que en el disturbio apagan su cansancio
y deliran su himno como besos al aire.

Árbol de boca y senos,
lugar donde un cisne es cautivo
en jaula para fieras,
lugar donde las naves
surcan el preludio de tu vientre.

Tu cuerpo es el hogar de aguas termales,
lecho y fuente de avalanchas.

II
Espada en el dolor ajeno,
veleta necesaria a mis puntos cardinales.
Trenza de iris,
hebra entre la llama y la ceniza.
Aspaviento.
Madreselva.
Rompeolas.

Cabellos de donde surgen panteras
que atormentan el olfato:
felinas madejas que llueven su noche.

Rompeolas.
Trigo y canela,
qué entonan en ti las gargantas de mis manos.

Reúnes la lengua y la pupila,
el surco y el agua,
el camino, la señal, la otra orilla.

Raíz y suelo,
palabra que te eriges,
caminas,
te nombras,
te existes,
rompeolas.

LA PUNTA DE SU LLAMA

Porque me duelen las manos
de tanto no tocarla, me duele
el aire herido que a veces soy.
– Jaime Sabines

En sus llagas, mis manos
son nido putrefacto de palabras,
apagados gritos, infección grave de silencio,
pájaros inútiles echados en mi palma.

En su herida, el olor de su cabello
funda la tarde y desagravia el crepúsculo.
Su cuerpo leve es una tira de luz,
extremidad del sol que arde junto a mí.

Llama siempreviva su delgada risa,
su tempestad ósea, perfil de lluvia,
corriente que trasmina por sus ojos.

Ámbar su misterio y ámbar mi pasión,
alto es su fuego y alto es mi muro,
la punta de su llama el cielo. El cielo.

HACIA LA TARDE

Tu cabello asoma por la tarde
y vence el sol
para edificar la noche.

Canto para que tu corazón
salga a latir
entre mis manos.

La ciudad está sin viento
y no eleva tu risa;
la gente se dispersa
buscando un tren que la transporte.

Mientras tu ausencia me besa
una lluvia de luz cae sobre la calle
y me doy cuenta que es más larga
tu cabellera que la noche.

AHORA ROMPO EL SILENCIO

Ante ti soy el ciego que taladra su sombra
y encuentra contigo su yacimiento de luz;
por eso educo el tacto y la mirada
en el braille tatuado sobre tu piel.

Como bejuco mi vista crece, anda,
se arrebata al viento y turba los jardines
que infinitamente te fueron otorgados.

Todo sucumbe ahora menos el amor,
el fruto engendrado, barbechado,
puesto en la llanura de tu cuerpo.

Ahora rompo toda hostilidad, abdico al silencio:
que mis olas de palabras te golpeen,
que mis ojos te arrastren a sus aguas
y entonces brotes desde la raíz lejana de mis poros.

UN TANTO DE ESTAS COSAS

PRÓLOGO DE LOURDES

Claro que ella hubiera dicho
que de mi obra
lo mejor fue mi boca
con la que escribí su grito
y bebí la última gota de su leche.

UN TANTO DE ESTAS COSAS

Así es nuestro amor:
ciudad de abejas,
colmena para dos,
zoología de sollozos
donde cada cuervo
es la sombra intacta
de un cisne
y una cebra un cuerpo
en custodia.

Así es nuestro amor
canción que gira
al centro de la ira,
agitación
que el golpe canta.

RECIÉN AL MUNDO

La misma muchacha que ayer
dejó brotar de sus raíces la humedad
y fue metiendo su sueño entre la noche.

La misma que hoy tiene otra risa,
un nuevo pantalón,
su blusa negra;
y anda quieta,
afable,
con su cabello seco
recién al mundo.

TRAGEDIA

Cuando no lleno de ti
miro a los jardines,
invoco la lluvia que humedece la tierra
y te huelo, te huelo.

Entonces
el agua lo cubre todo, todo,
y comienza a salirse por mis ojos.

DE BOUTIQUE

Tu blusa marrón escarchada de cielo,
tu corpiño de encaje,
tu pantalón en piel,
tu bikini oloroso a jardín recién regado,
tus zapatillas con tacón de clavo.

Todo quedó sobre la cama,
fuiste indiferente
porque ya no hubo enigmas.

Entonces me senté a ver la tele.

TRASNOCHADOS

La cerveza
fluye por tu cuerpo
y tú
sólo
te embriagas
de mí.

CONDOLENCIAS

Te diré que no creo en fantasmas
y que nuestra muerte
fue sólo un capricho tuyo,
porque aún
cuando el amor nuestro
no sea más que una esquela,
yo sigo germinando
en el mural de tu cuerpo.

IGUALES

Pero tú también
un día te llevaste
mis sueños
y ya no desperté.

CENIZAS

Aquí, atado a la distancia,
busco mi pan,
mi otro sustento,
aquel que en llamas
dejé en ti.