Encinas y Bravo Mena, el ‘Deja Vu’

En 1993 los venció Emilio Chuayffet. ¿Habría ocurrido hoy lo mismo? Lo dudo. Y eso sí marca una diferencia

De entrada asusta la amenaza de Alejandro Encinas. Eso de pedir anular el registro del candidato priísta Eruviel Ávila porque hizo campaña antes de tiempo se escucha depravado.

Cierto, la política -he repetido tantas veces esa estupenda fórmula de medición- es el arte de oler caca sin hacer gestos, pero hasta para ir al baño se requiere decencia.

Es la filosofía más barata, pero (dejemos para ocasiones más serias a Althusser, Marcuse, Bobbio, Gramsci) mientras la Izquierda mexicana no se saque el muñequito inquisidor de las entrañas de su pecho, al menos en México, para la modernidad será un desecho.

Pasa con una inmediatez asombrosa de la necesidad de la gente (población, ciudadanía) a la práctica del egocentrismo extremo y exótico. Es lo malo de las nuevas vanguardias.

Después de los ejemplos electorales de Oaxaca, Puebla, Sinaloa, por mencionar los lugares en donde contradiciendo los elementales juicios de congruencia (valiéndoles madre, pues, el respeto a quienes alguna vez creyeron en sus preceptos) el PRD y el PAN lograron ganar las gubernaturas, en el Estado de México simplemente han hecho el ridículo.

Otra cosa hubiera sido (el inexistente tiempo) si en lugar de hacer hoy chistes malos, de donde salen risitas temblorosas y titubeantes, hubieran (otra vez) apretado los cojones a Andrés Manuel López Obrador para no permitirle tirar la ansiada alianza.

¿Hacia él habrá algún reproche?

Porque exigir cancelar el registro de la candidatura del priísta Eruviel Ávila por actos presuntamente anticipados de campaña suena más a despropósito.

Si un partido ha remado con las propias olas del PRD y el PAN en el Estado de México, ése es el PRI. Ante la simpleza de las campañas del perredismo y el panismo, el PRI se ha echado a nadar de muertito, a rascarse el ombligo.

Discutieron y se agredieron de más antes de armar una verdadera ruta de campaña, mientras el PRI se limaba las uñas y miraba, callado, cómo se desollaban.

Y eso ocurrió mucho antes y mucho después aún de iniciados los tiempos oficiales de campaña.

¿Ahora cómo explicarle a sus seguidores, a sus engañados militantes, la burda incapacidad de hacer política en busca de una gubernatura?

Encinas se siente ahora víctima del “bulling” político, aun cuando se vengaría de Bravo Mena obteniendo el segundo lugar.

Allá por el 11 de mayo escribía en este mismo espacio:

“¿Serán las cifras de las encuestas, reveladoras de la suerte de cada uno de los candidatos?

“¿Será el fantasma del 93?

“En el Estado de México persiste una incómoda y extraña calma, tal vez en razón de ser hasta el 16 de mayo la fecha oficial para el arranque de campañas. Pero entonces, los 54 días se reducen a 45, pues el proselitismo de los competidores debe terminar tres días antes de la votación.

“No lo creemos, pero Encinas y Bravo Mena, al lado de sus partidos PRD y PAN, respectivamente, parecen resignarse a una suerte adversa.

“Aunque el perredista nunca jugó en favor de una alianza, la militancia local de su partido quedó dolida por no llevarse a cabo. Luis Sánchez, dirigente mexiquense, aliado de “Los Chuchos”, peleó hasta el final en mancuerna con su jefe, Jesús Ortega, por aliarse con el PAN.

“Pero fueron derrotados por su contrincante partidista, Andrés Manuel López Obrador y su MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional).

“Y si los de enfrente no mueven un dedo para desestabilizarlo, Eruviel Ávila, candidato del PRI, poco hará para encender la mecha.

“Y cuál será el tamaño de la preocupación cuando Bravo Mena se da tiempo hasta para viajar al Vaticano a presenciar la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II y abandonar el territorio en disputa”.

Después, ya entrada la campaña, llegaron los supuestos debates. Tampoco hicieron nada. Encinas repitió el esquema de los papelitos ocultos en cuanta bolsa traía su saco, como si esa fuera la máxima estrategia aprendida. ¿Para eso le sirvieron 18 años de distancia?

El candidato perredista se cansó de rechazar las propuestas de Eruviel “porque no son nuevas”. Muchas, según él, ya habían sido propuestas por el PRD, el Presidente de la República u otro partido. Él, sin embargo, días después proponía que de llegar a la gubernatura instalaría la transparencia. Vaya novedad.

Ante el realista panorama y contrario a Encinas, Bravo Mena hace lo suyo, apechugar.

Para los dos, las posibilidades de un “Deja Vu” son altas. Echemos un vistazo al pasado.

Este fue el resultado de la elección para gobernador el 4 de julio de aquel 1993: Emilio Chuayffet Chemor, del PRI, 1 millón 949, 346 votos (62.36%), Luis Felipe Bravo Mena, del PAN, 557 mil 009 (17.82%) y Alejandro Encinas, del PRD, 271 mil 977 (8.70%).

El restante 11.12 por ciento se lo repartieron el PVEM, el PFCRN, el PPS, el PARM, el PDM, el PT y votos no tomados en cuenta.

Se registraron 3 millones 112 mil 251 sufragios. La lista nominal era de 5 millones 143 mil 649 electores y hubo una participación del 60.5 por ciento.

Los venció Chuayffet, ¿habría ocurrido hoy lo mismo? Lo dudo. Y eso sí marca una diferencia. Enfrentados los mismos, gana Encinas. ¿Representará Eruviel, entonces, a otro PRI?

Solo como referencia, en el 2005 (cuando compitieron Enrique Peña Nieto, Rubén Mendoza Ayala y Yeidckol Polevnsky; ganó el primero), la lista nominal de electores había crecido a 8 millones 869 mil 630 votantes y el porcentaje de votación fue de 42.7 por ciento.

Para la elección del domingo (3 de julio) el Padrón Electoral es de 10 millones 555 mil 669 ciudadanos. Es decir, el doble de hace 18 años, pero las cosas siguen igual o peor para Encinas y Bravo Mena.

De ellos se puede decir poco y mucho.

Un dato de reconocer de Alejandro Encinas es su militancia de Izquierda-Izquierda (PCM, PSUM, PMS) venida a menos en cuanto a la conformación del PRD, controlado por ex priístas.

Otro, simple mención, en 1993 el PRD estatal mexiquense lo dirigía Gerardo Fernández Noroña.

Para Bravo Mena sería la tercera derrota. Además de la gubernatura aquel año (cuando su lema fue “El Poder de la Esperanza”), la presidencia municipal de Naucalpan en 1991. Hace dos décadas confió en los indecisos. Hoy también.

Sin embargo, para alguien con optimismo y como la tercera es la vencida, Encinas y Bravo Mena no están del todo perdidos.

Sólo quedaría verificar o desechar aquél apotegma de Marx a Hegel: La Historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa.

Convento de Arrabal

“La SHCP tendrá que revisar el trámite (por el que la gestión de Humberto Moreira se hizo de 3 mil millones de pesos). No puede ser que cualquier pillo presente documentos falsos, en contubernio con un banco, para fondear una línea de crédito a espaldas del Congreso”.– Federico Döring, senador panista